El expresidente israelí y premio Nobel de la Paz Shimon Peres fue enterrado ayer en Jerusalén en una emotiva ceremonia de estado.
Entre dos de sus predecesores, Isaac Rabin e Isaac Shamir, Peres fue enterrado posteriormente según el ritual judío, en medio de las oraciones de cinco rabinos militares y en presencia de la familia y de los invitados más destacados, mientras el resto de los participantes abandonaba el lugar o veía la ceremonia por dos grandes pantallas. Antes, en las exequias, el presidente israelí, Reuvén Rivlin, y el primer ministro, Benjamín Netanyahu, elogiaron el talante del difunto como persona, político y estadista.
"Peres era un ejemplo de optimismo, de búsqueda de la paz y de amor por Israel. Shimon vivió una vida de grandeza. Fue un gran hombre de Israel y un gran hombre del mundo", afirmó Netanyahu al asegurarle que su legado no muere con él.
Por su parte, Rivlin, que le habló "de presidente a presidente" y le describió como "hermano mayor", dijo que hoy él "vuelve a la tierra" pero "no enterramos su visión". "Para nosotros el Estado de Israel no fue algo obvio, pero hoy es hoy un hecho consumado", manifestó ante las decenas de dirigentes extranjeros recordando la que fue la misión de vida de Peres.
Entre los asistentes se encontraban el rey de España, Felipe VI -sentado en un lugar privilegiado entre el matrimonio Netanyahu y el presidente de Israel-, así como el presidente de México, Enrique Peña Nieto; el de Francia, François Hollande; y más de una treintena de jefes de Estado y de gobierno.
Lejos de los asuntos de Estado, de la guerra y de la paz, los afectados miembros de la familia Peres, con nostalgia pero serenidad prefirieron recordar a la persona, al padre, al abuelo.
"Yo me despido de quien mi madre llamaba Buyik, y yo, simplemente, papá", dijo su hija Tsvia Walden.
