Quetta, en el oeste paquistaní, vivió ayer una jornada de entierros y de luto por el ataque contra un hospital que acabó con la vida de 71 personas e hirió a otras 128, un atentado que ha llevado a cientos de abogados a comenzar una huelga en todo el país por sus compañeros asesinados.
La capital de la provincia de Baluchistán se paralizó con banderas a media asta, colegios sin niños e instituciones gubernamentales cerradas tras el ataque de ayer, uno de los peores de este año.
