La vida en los barrios bajo control opositor en la ciudad de Alepo, en el norte de Siria, se paralizó ayer ante el temor por el asedio militar, después de que las fuerzas gubernamentales cercaran completamente esos distritos tras conquistar ayer la única vía de suministros que quedaba abierta.
La situación ya era crítica en esta urbe, la mayor del norte del país, donde la violencia ha aumentado en los últimos tres meses, cobrándose la vida de al menos 914 civiles, según el último recuento difundido ayer por el Observatorio Sirio de Derechos Humanos. "Desde el cierre ayer del camino de Castelo, apenas hay movimiento, sólo hay viandantes, no hay tráfico de coches y la mayoría de las tiendas están cerradas", dijo a EFE por teléfono un activista, identificado como Abu Firás, desde el interior de la localidad.
El Ejército tomó ayer el control de esa carretera, que conecta Alepo con Turquía, aunque llevaba intransitable por los combates en ese área desde hacía dos semanas.
Abu Firás destacó que en estos momentos no hay una gran escasez de comida, aunque "no entra ni combustible ni verduras desde hace 15 días".
Durante ayer lunes, la mayor parte de los vecinos de los distritos del este de Alepo, en manos de los rebeldes, ha permanecido en sus casas por el corte del camino de Castelo y los bombardeos. El activista afirmó que, al menos, diez personas han muerto ayer por los ataques aéreos en los barrios.
