La muerte de 49 personas en Orlando no tendrá por ahora a ningún acusado, mientras la ciudad se prepara para recibir hoy jueves al presidente de EE.UU., Barack Obama, y aumenta la solidaridad con los familiares de las víctimas.
Después de tres días de la matanza en una discoteca de Orlando, en el centro de Florida, sus habitantes tratan de recuperarse de la tragedia, mientras las investigaciones prosiguen sin arrojar información contundente que permita algún arresto o enjuiciamiento de posibles cómplices.
Dos altares frente al ayuntamiento de Orlando y el Centro Médico Regional de Orlando, a donde llegaron la mayoría de las víctimas, siguen recibiendo flores, globos y velas para recordar a los muertos del peor tiroteo que ha tenido el país.
Las muestras de solidaridad además se han concretado con la permanente donación de sangre y con la recaudación de por lo menos 3,6 millones de dólares para el fondo One Orlando Fund, según anunció ayer el alcalde Buddy Dyer.
Hoy, jueves, el turno será para el presidente Obama, quien rendirá un tributo a las víctimas de la tragedia en el bar gay Pulse, al que ha caracterizado como un sitio en el que esta comunidad abogaba por los derechos civiles.
El Gobierno de Obama además ha concedido algunas visas humanitarias para aquellos familiares de las víctimas, en su mayoría de origen hispano, que esperan poder darle en EE.UU. sepultura a sus parientes o llevarlos de regreso a sus países, entre ellas, una madre cubana y una dominicana.
Se trató de "un claro ataque contra la comunidad gay, los hispanos, Orlando y la nación", expresó ayer el gobernador de Florida, el republicano Rick Scott, quien por primera vez alude directamente al colectivo homosexual. Mientras tanto, avanza también la recuperación de los 53 heridos. Ayer dos de ellos fueron dados de alta, mientras que por lo menos 25 aún permanecen hospitalizados, seis de ellos en condiciones críticas.
