El presidente interino de Brasil, Michel Temer, no quiere perder el tiempo y comenzó ayer mismo a negociar con los sindicatos para acometer una de las reformas más polémicas, la del sistema de pensiones, aunque no lo tendrá fácil porque las centrales no están dispuestas a ceder derechos de los trabajadores.
Temer, que llegó a la presidencia interina el jueves 12, después de que el Congreso suspendió el mandato de Dilma Rousseff por seis meses para iniciar un juicio político con fines destituyentes, decidió aplazar a mañana la presentación de su equipo económico, que encabeza el ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, y comenzar con una cita con las organizaciones sindicales.
En la agenda, una de las reformas pendientes más conflictivas: el sistema de jubilaciones y pensiones.
En la reunión, en la que el presidente interino estuvo acompañado de los nuevos ministros de la Presidencia, Eliseu Padilha, y de Meirelles, participaron representantes de Força Sindical, la Central de los Sindicatos Brasileños (CSB) y la Unión General de los Trabajadores (UGT).
La gran ausente del encuentro de ayer fue la Central Única de los Trabajadores (CUT), el mayor gremio obrero del país e históricamente ligado al Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff, que no acudió a la reunión al alegar que no reconoce "golpistas como gobernantes".
"La CUT continuará defendiendo los intereses de la clase trabajadora, principal víctima del golpe, exigiendo la vuelta del Estado de derecho y de la presidenta Dilma Rousseff, legítimamente electa con 54 millones de votos", sostuvo el presidente de la CUT, Vagner Freitas, en un comunicado.
