La ONU informó ayer que existe el riesgo de que 300.000 personas queden militarmente cercadas en Alepo, donde una ofensiva de las fuerzas gubernamentales sirias, apoyadas por bombardeos aéreos rusos, se encuentra en su segunda semana.
El objetivo es recuperar las zonas que se encuentran bajo control de grupos rebeldes o imponerles un cerco militar que les obligue, tarde o temprano, a rendirse o abandonar el lugar, como ha ocurrido en los últimos meses en otras localidades de Siria.
Además, la Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas confirmó que unas 51.000 personas han sido desplazadas por los ataques en Siria y que se ha informado de la muerte de decenas de civiles.
"También hemos recibido numerosos reportes de destrucción de infraestructura civil, incluyendo al menos tres clínicas y dos panaderías desde la última ronda de ataques", declaró el alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra'ad Al Husein.
"Las partes combatientes están cayendo constantemente en nuevos abismos, sin que aparentemente les importe en nada la muerte y destrucción que están causando en todo el país", denunció. Zeid dijo que "cientos de miles de civiles en otras partes de Siria están en condiciones terribles", sobre todo en los lugares sitiados por el Gobierno y grupos afines a él, así como por grupos opositores, incluyendo al grupo yihadista Estado Islámico.
