Las recientes reflexiones del papa Francisco sobre los divorciados o sus referencias en otras ocasiones a los homosexuales pusieron sobre la mesa temas delicados que generan debate dentro y fuera de la Iglesia y que anticipan cuestiones que abordará el Sínodo de Obispos de octubre.
El pontífice logró que la Iglesia estudie con detenimiento cuestiones polémicas y lo hizo con un estilo particular que fue acogido por algunos sectores como una señal de apertura, mientras que desde otros se defiende que ciertos cambios irían en contra de la doctrina cristiana.
Además de plantear cuestiones relacionadas con los divorciados o los homosexuales, otros temas como el de los abusos sexuales a menores cometidos por miembros del clero, la situación de parejas unidas por lo civil y en convivencia, o la necesidad de una paternidad responsable sin tener hijos "como conejos" fueron impulsados por el papa.
Francisco quiere diálogo y así lo ha transmitido en diversas ocasiones, como cuando pidió en la apertura del Sínodo Extraordinario de la Familia de octubre de 2014 que los padres sinodales hablaran en libertad, pero respetando siempre las opiniones de los demás.
Y hubo diálogo. El propio Francisco se mostró muy satisfecho por las "animadas discusiones" que se dieron y aseguró que se habría quedado "muy preocupado y triste" si todos hubiesen estado de acuerdo.
El 5 de agosto, el pontífice aludió a la situación que viven en la Iglesia los divorciados que han establecido una nueva convivencia y dijo que estas personas "no están excomulgadas y nom deben ser tratadas como tales". Era la primera vez que se pronunciaba públicamente de forma tan clara sobre este asunto.
