CENTENARES
De campesinos de varias comunidades del municipio de Puna se concentraron para presuntamente aplicar la justicia comunitaria.
A siete días del violento episodio propiciado por enardecidos comunarios en el municipio de Puna, el abogado Franklin Flores, contó del milagro que le ocurrió al invocar a Dios y a su padre fallecido.
Flores fue contratado como abogado de las cuatro personas que fueron sindicadas de abigeato a las cuales pretendieron lincharlas por el hurto de animales.
“Dios existe, estoy seguro de que Dios existe y a mi padre, que hace dos años que murió, le pedí a gritos a mi padre y a Dios que me saquen del problema. Y me hicieron el milagro”, contó al declararse creyente y católico.
“Estaba esperando a que me den un golpe en la cabeza para que terminen con mi vida o me rocíen con gasolina y me prendan fuego”, complementó. Narró que dos explosiones de dinamita hicieron el milagro de que esté vivo y hoy cuente lo que verdaderamente ocurrió. Una mujer, que desconoce el nombre y apellido, le empujó contra una puerta y le desamarró las cuerdas con las que estaba maniatado de pies y manos.
Luego de estar libre, según el abogado, corrió hacia un inmueble –que está cerca de la plaza Victoria– y saltó el muro e inmediatamente entró a una habitación y se ocultó debajo de una cama.
Afirmó que los habitantes de Puna no fueron los que motivaron el intento de linchamiento; al contrario, le ayudaron a escapar y salvaron del tumulto de enardecidos pobladores que eran de otras comunidades.
Flores dijo que fue difícil identificarlos porque eran muchos que lo agredían físicamente y le lanzaban piedras. Cuando desapareció de la plaza, según comentó, la gente empezó a buscarlo casa por casa entrando a los inmuebles para sacarlo.
