Entre banderas que respiraban mar y tambores de isla, Cabo Verde abrazó hoy a sus futbolistas mundialistas, recibidos como héroes tras una gesta que desbordó la historia y encendió el orgullo nacional.
Bajo un sol festivo que coincidió con el aniversario 51 de la independencia, la capital se convirtió en un río humano que escoltó a los seleccionados desde el aeropuerto hasta el corazón de la ciudad, en una caravana de gratitud.
La selección, debutante en citas planetarias, regresó invicta en tiempo reglamentario tras empatar con España, derribar a Uruguay y caer con dignidad ante Argentina, en un recorrido histórico del torneo. En el pulso de esa hazaña latió la seguridad del veterano guardameta Vozinha y la chispa irreverente de un equipo que convirtió la resistencia en identidad y la sorpresa.
