Hubo un arquero que desobedeció las reglas del juego. Mientras el mundo le pedía salvar goles, él se animó a hacerlos. Con guantes como puños cerrados y una zurda que hablaba en voz alta, José Luis Chilavert transformó el arco en trinchera y trampolín.
Desde el fondo del campo, donde habitan los silencios, se atrevió a gritar con la pelota. Y cada vez que caminaba hacia la mitad de la cancha, con el pecho inflado y el alma erguida, se abría una grieta en la historia: el arquero quería patear. El arquero quería más.
El domingo, el emblema de los tres postes cumplió 60 años y con ellos, miles de historias y proezas.
DE LUQUE AL MUNDO
Nació un 27 de julio de 1965 en Luque (Paraguay), en un barrio humilde donde el potrero era todo. Desde chico tuvo el descaro de querer ser distinto: cuando todos querían hacer goles, él quería evitarlos... y también hacerlos.
“Me decían loco por querer patear tiros libres, pero yo sabía que tenía un arma más”, dijo alguna vez. Y no se equivocó: Chilavert es el arquero con más goles en la historia del fútbol argentino, con 36 tantos oficiales en torneos locales y 62 en toda su carrera profesional.
VÉLEZ, SU CASA
Fue en Vélez Sarsfield donde dejó de ser un buen arquero para transformarse en un ícono. Llegó en 1992, en silencio, pero con un fuego que pronto encendería la historia del club.
Con Vélez ganó tres torneos locales (Clausura 1993, Apertura 1995 y Clausura 1996), y lo más grande de todo: la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental en 1994, venciendo nada menos que al Milan de Franco Baresi y Paolo Maldini.
