Mucho se ha hablado y escrito de la mística del Bernabéu, del miedo escénico, del espíritu de Juanito, pero lo cierto es que el Real Madrid ha tardado catorce años en volver a remontar un marcador adverso en la Liga de Campeones.
La victoria sobre el Wolfsburgo por 3-0 significó la clasificación del equipo madridista para las semifinales de la máxima competición continental y el fin a una maldición que se acercaba ya a los tres lustros de remontar un marcador adverso, en este caso el 2-0 sufrido en la ida.
Cristiano Ronaldo, con un triplete para los anales de la historia del madridismo (3-0), puso color a las viejas gestas que dieron forma a la historia del Real Madrid, levantó los dos goles de desventaja ante el Wolfsburgo y clasificó a su equipo para su sexta semifinal de la Liga de Campeones consecutiva.
El Santiago Bernabéu rememoró una de sus noches mágicas, recuperó el ambiente de las viejas gestas y disfrutó de la remontada de un equipo que se jugaba la temporada en 90 minutos. Remontó a base de fútbol y garra. De actitud de todo un equipo unido. Zidane dio importancia en la víspera al balón, pero a falta de brillantez en tramos del partido hubo que tirar de otros aspectos y de Cristiano.
