Un maíz “criollo”, sin alteraciones genéticas y cultivado en comunidades campesinas de Latinoamérica, es el que lleva a la mesa Lalo Durazo, un restaurantero mexicano que no echa mano de las “fusiones” para complacer a los comensales internacionales de Miami.
“No somos fusión, no queremos inventar el chaleco sin mangas”, dice a EFE Durazo, dueño de restaurantes en Estados Unidos y España. “Somos mexicanos, es comida mexicana de raíz”, enfatiza al señalar que busca recetas que por generaciones han hecho parte de la cultura mexicana.
Durazo explica que el maíz azul que utiliza “no fue creado por la madre naturaleza, sino mezclado por culturas prehispánicas” y hace parte de más de 70 variedades de este producto ancestral que aún cultivan algunos campesinos.
