(RELATO ORAL)
Antes de una procesión, en Semana Santa y en su aniversario, no se pone de acuerdo la tradición oral; dicen que le pusieron una corona de espinas, para tal propósito del calvario y crucifixión del señor.
Mencionan que era una persona devota a la Virgen María, la Virgen de las Nieves o la Virgen del Rosario.
Pero a poco de colocar la corona de espinas, sorprendentemente comenzó a sangrar, llamando la atención y creando zozobra y escándalo, entre llantos entre los presentes que fueron testigos del GRAN SUCESO, y milagro para muchos devotos.
Sorprendidos, anonadados, conmocionados por el increíble y extraordinario suceso, muy luego quisieron retirar la corona lastímera de su noble cabello y cabeza sangrante.
Vanos fueron los intentos y esfuerzos, para retirar la corona y, mientras mas se la jalaba, más parecía que incrustaban las espinas y, más sangraba la cabeza de Jesús crucificado, y, más la sangre recorría el cuerpo ya herido del señor y llegaba al suelo, hasta formar un charco.
Ya después de misas varias y penitencias muchas, dicen algunos que el Viernes Santo, y otras tantas beatas después de la resurrección, una mujer, aunque otros afirman que era una niña, antes de media noche, o ya en el día, con mucha fe y tristeza intentó retirar la corona, que se resistió en un momento pero luego, como por milagro, se aflojó sorprendentemente.
Pero he ahí que el diablo mete sus narices, dicen las voces del pueblo, que trató de evitar que la corona fuera retirada.
Y que fue el ángel San Gabriel quien con su espada candente rebanó y cortó un brazo del demonio que sostenía, apretaba e impedía que la corona fuera retirada.
Pero al fin, con fe y en milagro, la corona con esfuerzo fue retirada.
La sangre dejó de brotar del cuerpo bendito.
Y en el suelo estaban el brazo y mano del diablo y la corona ensangrentada.
No está demás decir el consuelo, algarabía y estupefacción de los testigos ante tal suceso.
Lo cierto es que se sacó en procesión a la imagen, para que el pueblo entero supiese del gran milagro y el gran suceso presenciado en la Villa.
Por ello dicen que a la imagen el pueblo comenzó a llamarla Señor del Gran Suceso.
Y para los escépticos, incrédulos, que no creen en diablos, santos, santas, y milagros en estas épocas, cuando más están presentes y más se necesita de fe y de buenas costumbres...
Puede acercarse a la bella imagen en tormento del cristo que actualmente está en el templo de Nuestra Señora de las Mercedes, antiguo convento mercedario, y con respeto buscar y ver en la cabeza de Jesús crucificado, una espina incrustada como prueba y testimonio del milagroso suceso.
Ahí está para los que puedan acercarse y constatarse si no lo creyesen, lo que el pueblo guarda en memoria como tesoro imperecedero.
Ah, curioso lector, seguro que algunos se habrán preguntado que pasó con el brazo del demonio y la corona a la que falta un espino.
Pues dicen que un fraile devoto a Santa Teresa y a la santa muerte lo guardó en lugar secreto, y que hasta ahora está en resguardo en un convento potosino.
Esa es otra historia, una de tantas que esconde La Villa Imperial de Potosí.
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