Este 3 de febrero se recuerda el nacimiento de Antonio José Francisco de Sucre y Alcalá, el militar que tuvo que convertirse en estadista cuando recibió el encargo de gobernador los territorios que hoy son Ecuador, Perú y Bolivia.
Sucre nació el 3 de febrero de 1795 en Cumaná, hoy territorio venezolano, que ahora es la capital del Estado que lleva su nombre. Convertida en un conurbano con más de medio millón de habitantes, es conocida como "la capital de la cultura" o "la Atenas venezolana".
Pese a la importancia que tuvo para Bolivia, llama la atención el poco interés que hubo para conmemorar el bicentenario de su nacimiento. En los primeros años de la república no solo se celebraba su natalicio sino que el aniversario de la Batalla de Ayacucho, por él ganada, era fiesta nacional.
Se le considera libertador de Ecuador y Perú por sus triunfos en las batallas de Pichincha y Ayacucho, respectivamente. En esta última se infligió la mayor derrota al ejército realista, tanto que hasta el virrey tuvo que capitular.
No logró redondear su campaña con la liberación de Charcas, hoy Bolivia, porque el realista Pedro Antonio de Olañeta salió huyendo de Potosí al saber que Sucre se aproximaba a la cabeza del ejército patriota. El español fue frenado en Tumusla por las tropas del coronel Carlos Medinaceli Lizarazu.
Aunque técnicamente no liberó a Bolivia, como tampoco lo hizo Bolívar, coadyuvó a la fundación del país porque emitió el decreto del 9 de febrero de 1825 que posibilitó que representantes de las provincias de Charcas se reúnan para deliberar los destinos de ese territorio. Lo que estos hicieron fue fundar un nuevo país.
Cuando se puso el nombre de Bolívar a la nueva nación, se acordó, también, ponerle el nombre a su capital, Chuquisaca, que conserva hasta hoy.
Tras la partida de Bolívar, se convirtió en presidente de Bolivia y acometió la gran labor de organizar el nuevo país. Fundó el Ejército y la Policía y los primeros colegios de instrucción secundaria. Fue el fundador de los colegios Pichincha, de Potosí; Ayacucho, de La Paz, y Junín, de Sucre, que llevan los nombres de las batallas definitivas para la libertad de Ecuador y Perú.
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