En la cárcel
Fue en la soledad de la habitación de un hotel donde escuché por primera vez en el internet, con dos lágrimas rodando, el “Viva mi Patria, Bolivia”, el segundo himno de mi pueblo, cantada por Báez y Mimi Fariña en español, en la cárcel de Sing Sing.
* Fernando Lavadenz es un boliviano amante de las letras y la música. Reside en Washington, donde trabaja como Especialista Senior en el Banco Mundial.
El domingo 28 de julio, Joan Báez, la madre mundial del género de música de protesta, se fue para siempre de los escenarios de música “en vivo”. No “colgó los botines”, en jerga futbolera, por su pública disidencia con Trump, de quien dice que es “el rey de la mentira, igual que Hitler, pero menos inteligente”, sino por su conciencia plena del desgaste de su bella y poderosa voz. Tiene 78 años y no cantará más, pero seguirá activa por las causas justas y luchando –como siempre– por los débiles y la paz mundial.
Sin embargo, quienes la admiramos y los que nos siguen, tendremos la posibilidad de seguir escuchando su inmenso legado de canciones y valorar su ejemplo de militancia por la vida, por la justicia y por el amor, y también sabremos que ella se fue feliz. “Estoy muy agradecida por mi vida, es una vida extraordinaria”, le dijo a la Televisión Española antes de su “grand finale”.
Y tiene razón. Su vida fue y seguirá siendo extraordinaria, incluso para los que no la conocen. Les recuerdo que ella y Bob Dylan fueron los más grandes de la música de protesta en los años 60 y 70. Les enseñaron a nuestros abuelos y padres que en lugar de un arma se podía empuñar una guitarra y cantar por la paz mundial, para parar el sin sentido de la guerra de Vietnam, emocionando una generación entera, hasta las lágrimas… de humanidad.
Eran los tiempos del blanco y negro, o estabas con Luther King o contra el en su lucha por la igualdad racial. Militar por una causa era incluso, un desafío vital y ellos optaron por la defensa de la igualdad, convirtiéndose en un símbolo blanco de esta lucha y por eso los eligieron para que le pongan música a esa marcha icónica y al famoso discurso “I have a dream” de Martin Luther King, en su mensaje eterno a la igualdad racial.
Los que escuchamos alguna vez –o siempre– la canción protesta, debemos agradecerle por sembrar en Silvios, Pablos, Mercedes, Sabinas, Violetas, Benjos, Charlys, Fitos y tantos otros, las semillas de un género, que mezclaba el blues y el folk con palabras sencillas sobre la vida, la justicia, la belleza y el amor. Pocos se salvan, solo Arjona y Maluma creo, de ese inmenso y feliz conjuro musical.
Pero no se confundan, Báez, hija de un médico mexicano, nacida en Nueva York, no solo se convirtió en “la voz de los sin voz”, enamoró con ella a Bob, haciendo que este diga, luego de una noche de bohemia que “el español era la lengua del amor”.
Báez conoció a Bob cuando el “casi” no existía musicalmente, vio en él un “diamante” en bruto y lo invitó a componer para ella. Luego lo invitó a que sea su telonero, después a cantar juntos y, finalmente, a luchar unidos por la justicia y la vida.
Bob la siguió, se convirtieron en pareja inseparable, hasta que él se convirtió en un éxito mundial. En ese momento, simplemente la dejó y Báez conoció el “óxido” de Bob. Lo que más la afectó es que primero Dylan la dejó sola en su militancia por la vida y luego, que para sorpresa de Báez, sin decir adiós, al más puro estilo Trump, se casó con una conejita de Play Boy.
Báez, por otro lado, se hizo más conocida por su lucha contra la discriminación racial y sexual y el apoyo constante al Tercer Mundo. “Play Me Backwards” es considerado por la crítica como el mejor disco de su carrera, un himno a la igualdad.
Conocí las canciones de Báez por primera vez en los 80s. Primero, me impresionó su potente voz, luego me enamoré de sus letras profundas y sencillas, más tarde de su historia de amor, luego por cantar con artistas latinos como Mercedes Sosa y, finalmente, por su venganza pública, con despecho incluido, a su telonero Bob Dylan en una canción que es una de las más bellas canciones de amor que conozco, en la que literalmente al final manda a la mierda al mal pagador: “diamonds and rust”, o diamantes y óxido en buen español, “el idioma del amor”.
Esa canción cierra definitivamente su ciclo con Dylan. La historia es conocida por mi generación y, ¿quizás por eso el perro mascota de Alberto Fernández, el candidato a la presidencia en Argentina, se llama Dylan?
Pero, para terminar este homenaje a una de mis heroínas, el día que la gran Joan Báez se convirtió en eterna para mí fue cuando esta cantante que lucha por los humildes, que cantaba en las prisiones a los reos sin esperanza, la de las marchas infinitas con canciones por las causas justas, le cantó al Tercer Mundo eligiendo cantarle a... Bolivia.
Fue en la soledad de la habitación de un hotel donde escuché por primera vez en el internet, con dos lágrimas rodando, el “Viva mi Patria, Bolivia”, el segundo himno de mi pueblo, cantada por Báez y Mimi Fariña en español, en la cárcel de Sing Sing.
Fue mágico. Ella no le cantaba a algún preso boliviano, ni a reos condenados y sin esperanza, menos a la injusticia de una cárcel lúgubre que, por suerte, desapareció. Ni siquiera a un país digno y humilde como Bolivia, me la cantaba a mí.
Ella la adoptó como parte del repertorio de su causa e incorporó a su propia patria a Bolivia. Ella me recordó mi destino en momentos difíciles y, por eso, en retribución de hombre de honor, le levanté un bronce recordatorio imaginario y la incorporé a mis heroínas de Cochabamba, para ponerla al lado de otra inmensa, doña Juana Azurduy de Padilla, la flor del Alto Perú.
Esa es la gran Joan Báez, la que dejó de cantar el domingo, pero que, como dicen mis amigos argentinos cuando se refieren a Gardel, ¡cada día canta mejor!
Lo último que Báez hizo el viernes 26 de julio en España fue visitar en la cárcel a la expresidenta catalana del Parlamento, Carme Forcadell, presa por haber impulsado el referendo independentista de 2017, con una probable condena de entre 10 y 17 años de prisión. Su visita muestra que Báez es la misma, adhiere a las causas de los débiles, desde el comienzo de su carrera y hasta al final de la misma… ¡Chapeau!
Me voy, pero les dejo la cancioncita de referencia en YouTube, en homenaje al 6 de Agosto, Día de la Patria, para que disfruten de la madre de la canción protesta. Entiendan que un “duro” también se emociona y, al menos por unos minutos, nos descontaminemos juntos del reggaeton. ¡Viva la gran patria de Báez!
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