La solidez de dos actores -el sueco Stellan Skarsgard y la austríaca Valerie Parchner- equilibró la competición de ayer en la Berlinale, tras la sacudida dejada por el intento del director turco-alemán Fatih Akin de mostrar la Alemania más decrépita.
A Akin, Oso de Oro en 2004 con "Gegen die Wand" ("Contra la pared"), se le esperaba en Berlín como a un exitoso representante del cine alemán actual que regresa al festival que le catapultó entonces, ahora con "Der Goldener Handschuh" ("The Golden Glove"). El papel protagonista de su nuevo filme corresponde a Jonas Dassler, al que se definía estos días en los medios berlineses como un nuevo talento interpretativo, metido en el papel de un asesino en serie de prostitutas, en el Hamburgo de los años sesenta.
Era el plato fuerte del día y la dirección de la Berlinale tuvo que improvisar una tercera sala para el pase previo ante los medios, tras quedar desbordada la capacidad de las dos inicialmente previstas.
