La tumba de Carlos Medinaceli no recibió ni una flor el último Todos Santos. El ramo colocado junto a su lápida está tan seco que denuncia que hace rato es visitado únicamente por el olvido. El nicho donde yacen los restos del autor de “La chaskañawi” –obra fundamental de la literatura boliviana- no debería ser un sepulcro más del Cementerio General de La Paz, pero hasta corre el riesgo de convertirse en uno menos…
Y hablar de Medinaceli es hablar de uno de los hombres de letras más importantes del siglo XX. Más allá de su famosa novela costumbrista, es reconocido por su aporte a la crítica literaria y a la creación de la revista Gesta Bárbara, que dio origen a un singular movimiento de escritores bolivianos que marcó la primera mitad de la pasada centuria.
Lo llamativo es que semejante aporte no haya sido mérito para ocupar al menos un lugar más fácil de encontrar en el enrevesado Cementerio General de La Paz. Y hallarlo es más difícil porque el escritor no cuenta con un nicho propio, comparte lugar de descanso con su señora madre, doña Carmen Quintana de Medinaceli, fallecida en 1945, cuatro años antes que él.
Las coordenadas para llegar a la tumba eran escasas: Sector antiguo, mausoleo Grissi Torrico, Vía 3. “Es la primera vez que escucho, no sé dónde será”, complicó la señora que, desde hace décadas, presta sus servicios de limpieza de lápidas en esa área. El mapa del cementerio lo ubicaba cerca de “Los Notables” y de los “Héroes de la Guerra del Acre”, pero no hay un solo letrero que identifique al buscado mausoleo. Había que revisar una a una la identidad de quienes ya no pueden decirla…
