Ayer, 11 de diciembre, se cumplió 31 años desde que la ciudad de Potosí fue declarada como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia la Educación y la Cultura), que es el máximo galardón que esta institución cultural confiere a sitios o ciudades por su aporte al conocimiento y conservación de la cultura universal. En el caso de Potosí sus méritos se atribuyen a su incomparable riqueza argentífera explotada del Cerro Rico y su inmensa producción cultural que se remonta a siglos pasados, pero, que se prolonga hasta la fecha de tal nombramiento, es decir, al 11 de diciembre de 1987.
Por tal motivo, son contadas las ciudades en el mundo galardonadas con este
Título, lo cual debe llenarnos de orgullo y satisfacción, pero, asimismo debe comprometer a una profunda reflexión a las autoridades, instituciones y pueblo en general para que juntos logremos la conservación de todo el patrimonio cultural que aún se conserva en el centro histórico de la ciudad y sus alrededores, y aprovechar el mismo para lograr atraer una mayor afluencia de turistas, como lo hacen y lo han logrado otras ciudades patrimoniales.
Por esta razón, es importante que identifiquemos con cierta claridad qué es el patrimonio cultural, en ese sentido, el texto “Inventario de términos para museos”, de Cecilia Bákula y Luís Repetto manifiesta: “el patrimonio cultural es el conjunto de bienes que son la expresión o el testimonio de la creación humana o de la evolución de la naturaleza y que tienen especial relevancia en relación con la arqueología, la prehistoria, la historia, la literatura, la educación, el arte, la ciencia y la cultura en general. Dichos bienes conforman las evidencias por las que se identifica una sociedad o un pueblo”.
El mismo texto señala que “Patrimonio histórico-artístico” es el conjunto de elementos que representan manifestaciones valiosas de períodos anteriores o actuales. Pueden ser elementos dispersos o agrupados en algún lugar, edificios, ruinas, monumentos, plazas, etc.”.
En el caso de Potosí, su historia está íntimamente ligada a la explotación de plata del Sumaj Orcko (cerro hermoso) más conocido en la actualidad como Cerro Rico, puesto que se conoce de su explotación desde tiempos prehispánicos.
Sin embargo, de acuerdo a una leyenda, en 1544, se produjo el hallazgo de plata, y posteriormente el 1º de abril de 1545 la posesión del Cerro Rico, e inmediatamente se inició la explotación argentífera y el surgimiento de la ciudad, sin existir un Acta de Fundación de la ciudad como era costumbre en aquel tiempo.
El extraordinario monte de acuerdo a las primeras descripciones tenía 5.183 metros de altura sobre el nivel del mar y su circunferencia era de una legua. Su cúspide semejaba un cono perfecto.
En 1572 en Potosí, Francisco de Toledo, V Virrey del Perú, planificó el trazo urbano, se sentaron las bases para el desarrollo económico, disponiendo también la construcción de las lagunas artificiales en las montañas del Kari Kari, de donde nacían una serie de canales que formaban en el perímetro inferior del Cerro Rico un río artificial denominado “La Ribera”, que cruzaba la ciudad de Este a Oeste en cuyas orillas se construyeron una centena de ingenios que funcionaban con la fuerza hidráulica. Dispuso que los indígenas trabajen en las minas bajo la modalidad de la mita, o trabajo por turnos. Además, ordenó la construcción de la Casa de Moneda, la Iglesia Matriz, el Cabildo y otras construcciones.
