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Los templos que construyó el Diablo

05 Octubre 2018Celso Durán Sánchez
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La viejita que contó la historia.

La viejita que contó la historia.

En los innumerables viajes que realicé a las diferentes provincias del departamento potosino, escuché e indagué sobre historias que me impactaron y me propuse contarlas.

Un día acompañé a un exsecretario de la Madre Tierra para hacer un reportaje en la ciudad de Villazón. Luego de realizar el trabajo encomendado nos fuimos a Tupiza y después, el funcionario de la Gobernación se trasladó a una comunidad llamada Oploca.

Oploca es un pueblito que se halla enclavada en el sur del departamento de Potosí, en la provincia Sud Chichas, con sus calles casi besadas por la montaña, con unas casitas pintorescas y un río que cruza por un lado de la comunidad.

Su gente amable nos dio la bienvenida y mientras hacían la reunión, yo me fui a filmar el pueblito para tenerlo en mis archivos. Cuando de pronto vi algo que me sacó de mi marasmo; su templo se erguía imponente, el edificio destacaba nítidamente entre las demás casas, era una construcción muy antigua con paredes de piedra de un grosor impresionante, con un portón de madera que se arrimaba al tiempo.

Pero algo destacaba a simple vista, la edificación estaba k´asa, incompleta, sólo había sido construida una torre, la otra que igualaba a su estructura nunca había sido construida.

Esto me llamó la atención y me pregunté por qué hacían templos inconclusos y traté de preguntar a la gente cual era el motivo para que no hayan concluido el edificio. Pero la gente se mostró un poco parca ante mis preguntas, hasta que apareció una ancianita de más de 90 años.

Con la ayuda de un ingeniero que le gritaba al oído las preguntas, empezó a fluir la historia del templo; aunque claro, lo hizo en nuestro idioma quechua. De pronto me di cuenta que la señora ya no veía porque me gritaba a la cámara y mientras filmaba su rostro puro, impactado por el tiempo. Las arrugas surcaban su rostro, que era testigo de haber visto pasar el tiempo inexorablemente.

Empezó su relato. Inquirió que hace muchos años, cuando estas tierras eran la codicia de forasteros llegados allende de los mares, los extraños, incursionaron por todos estos territorios buscando riquezas en nombre de un rey, con la biblia y la fuerza de su espada; así, los nativos eran doblegados y adoctrinados en nombre de la cruz. Fue en esos tiempos que los templos fueron construidos.

Un día en la comunidad de Oploca se decidió la construcción del templo, para ese hecho se contrató a un joven del lugar que tenía experiencia en construcciones. El joven aceptó el reto y con las autoridades de ese tiempo convinieron el precio y el tiempo de entrega de la obra: Entonces el joven constructor se puso manos a la obra y empezó a levantar la edificación, él ponía su esfuerzo ayudado por sus peones. Pero un día una enfermedad lo postró en cama e hizo que se paralizara la obra, gastando los recursos adelantados de la obra en curarse de la enfermedad, descuidando la fecha de la entrega de la estructura.

Sin embargo, un día se presentaron los contratantes de la construcción del templo para exigirle el cumplimiento del contrato en la fecha establecida o la devolución del dinero, por lo que el humilde constructor rogó e imploró que le aumentaran el tiempo de la entrega de la iglesia; pero no aceptaron y amenazaron con represalias contra su familia y expulsarle del cristianismo, al cual él ya pertenecía.

La pena lo empujó a una gran depresión, el pobre no sabía qué hacer, hasta que una noche fría salió de su aposento para ver la construcción del templo, estaba parado frente a los incipientes muros cuando un viento de ultratumba corrió y detrás de él apareció la figura de "El Diablo".

Entonces, el demonio comenzó a hablarle, le dijo: “estás jodido, nunca podrás cumplir tu contrato y pagarás muy caro; pero no todo está perdido, yo te puedo ayudar, yo puedo terminar de construir el templo en el tiempo establecido, a cambio de tu alma y el alma de tu esposa e hijos”.

El constructor, sin pensarlo dos veces, aceptó la propuesta, al fin y al cabo era una solución a sus problemas. Se selló el pacto, el diablo se esfumó súbitamente, él se fue a su casa y a partir del día siguiente el hombre se convirtió en un ser raro, dormía de día y salía a trabajar de noche, su vida cambió, su esposa e hijos se sentían afligidos por su actitud.

Una noche salieron de ocultas a ver dónde iba el hombre y al seguirle sigilosamente, pudieron ver que él se reunía con el señor de las tinieblas y empezaban a trabajar en la construcción del edificio. Sus familiares se dieron cuenta de lo que estaba pasando, al día siguiente contaron a los más ancianos y a las autoridades religiosas lo que habían visto. Luego de una reunión, determinaron ayudar al joven constructor, le bañaron en incienso y hierbas, le regaron con agua bendita y le hicieron una serie de salmueras para que el diablo se aleje. Pero el tiempo inexorablemente tragaba todo a su paso y el fin del plazo se acercaba.

El joven constructor, un poco repuesto y consciente de lo que había firmado con el diablo, se devanaba los sesos sobre cómo rompería ese pacto en la última noche del fin del plazo. Así, el hombre se dirigió al lugar del templo que se encontraba a medio construir y pensó que todo estaba perdido, empezó a orar con todas las fuerzas de su corazón pidiéndole a Dios que le perdonase por hacer un pacto con El Diablo.

Estaba en eso, cuando de pronto el olor a azufre empezó a llenar el lugar, la noche se volvió más obscura y empezó a hacer su aparición "El Señor de las Tinieblas" con una voz ronca y llena de poder le dijo: “Hagas lo que hagas tu alma y la de tu familia ya son mías, y las de todos de esta comarca; yo concluiré el templo esta noche hasta el amanecer y tú me pertenecerás por la eternidad”. Acto seguido el maléfico se puso a trabajar para concluir la estructura.

Mientras, el pobre constructor lloraba y oraba con un sentimiento de arrepentimiento. Dios, al ver las lágrimas de arrepentimiento del hombre y toda su familia, mandó al arcángel San Miguel para que obstruya y perjudique al diablo en la conclusión del edificio, pero el diablo trabajaba denodadamente, concluyó la primera torre, también culminó la nave principal y tan sólo le faltaba la otra torre para concluirlo.

Pero ocurrió que, en ese momento, el arcángel San Gabriel hizo su aparición en la punta de la torre no concluida y empezó una pelea de titanes con el diablo, rayos y truenos explotaban en la noche oscura, las fuerzas del bien y el mal se enfrentaban, parecía que las fuerzas del mal ganarían la batalla; pero súbitamente se hizo el día y el gallo cantó, el sol empezó a brillar con sus primeros rayos y alumbró al diablo que con un grito de horror desapareció de la faz de la tierra.

El diablo no cumplió el pacto porque el templo no estaba terminado, le faltaba la conclusión de una torre y maldijo, lanzando una predicción: “me botaste del templo, pero yo maldigo a tus hijos que aunque tengan riquezas siempre vivirán pobres, porque sus propios hijos les robarán sus riquezas”.

El joven constructor entregó el edificio en el tiempo establecido y a partir de ese día, el constructor se apegó al señor y llevó una vida ejemplar, ayudando al prójimo.

La viejita exhaló y dijo por ultimo: “varias veces se ha intentado hacer concluir el templo, pero no se puede, a uno le cayó el rayo, otro se cayó, muriendo ambos, por eso se quedó así”. Por último le pregunté su nombre y me respondió Serafina Huayta Cuevas, se dio la vuelta y empezó a marcharse, la vi por última vez.

Su historia me impresionó, posteriormente otras personas de la comunidad me dijeron que bajo el templo había un gran tesoro y además estaba enterrado un vizconde. El edificio ha sido robado varias veces, entre ellos los cuadros y una serie de objetos de gran valor, pero aun así se mantiene erguido y llena de vida como un testimonio de hechos sucedidos en nuestro pasado misterioso.

 

El sector que nunca se terminó de construir.
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