Con el repique de campanas y cantos de aleluya que resuenan en las iglesias, los creyentes celebraron gozosos el triunfo de Cristo sobre la muerte ayer Domingo de Pascua. ¡Jesús ha resucitado!
Durante la vigilia pascual, en todas las parroquias católicas los sacerdotes realizaron la bendición del fuego, que es el símbolo de la luz de Cristo, y del agua, que significa que, en la noche pascual, así como Jesús, todo cristiano vuelve a nacer a una nueva vida.
El papa ofreció una homilía que giró en torno al silencio, como símbolo del dolor que generó la muerte de Jesús, un silencio en el que todo el mundo puede “reconocerse y cala hondo en las hendiduras del corazón del discípulo que ante la cruz se queda sin palabras”. Indicó que el mutismo “roba la memoria, silencia la esperanza y habitúa a la persona”.
