A "Incrúspido", "cayuco", "ufanero", "rompegalas"; los insultos también pueden, y deben, usarse "con propiedad", como demuestra un nuevo compendio que recoge los vocablos necesarios para salir del paso en cualquier ocasión y rompe con la idea de lo que son "las buenas y las malas palabras".
"Todo el día insultamos" y "a todos", incluso a nosotros mismos, por lo que el "Diccionario de insultos" ayuda a dejar fluir esa "catarsis" que, tras un momento de rabia, nos mantiene "firmes", señaló Pilar Montes de Oca, directora de la editorial Algarabía.
El abanico de insultos, recogidos del léxico de todos los países de habla hispana, es casi inagotable. Y es que, ¿por qué limitarse a emplear el término "tacaño" teniendo "durañón", "codo" y "cenaoscuras"? ¿Por qué conformarse con el habitual "torpe" cuando existen "pañuso" o "chambón?
El compendio, de más de 2.000 entradas, es un diccionario de uso que aporta ejemplos destinados a evitar la excesiva reiteración de palabras.
