Oraciones, flores, cánticos y lágrimas lo despidieron. Miles de personas abarrotaron la plaza Simón Bolívar de Villa Adela, para dar el último adiós al padre Sebastián Obermaier, párroco alemán que le entregó 38 años de su vida a la ciudad de El Alto.
Su cuerpo descansa a los pies del campanario de la iglesia Cuerpo de Cristo, una de las 71 que edificó en esa urbe. La población lo recordará por sus más de 15 obras sociales, que emprendió desde su Fundación, que también lleva el nombre de la parroquia.
Fue amenazado en varias oportunidades, por su carácter testarudo, según contó el monseñor Eugenio Scarpellini, que presidió la misa de cuerpo terrestre. Los jóvenes voluntarios, entre lágrimas, recordaron su jovial comportamiento, siempre rebelde.
Los expredientes Jorge Tuto Quiroga y Carlos Mesa, el procurador general de El Alto, Héctor Arce, y la alcaldesa Soledad Chapetón, entre otras autoridades, acompañaron la ceremonia de despedida del sacerdote, que acostumbraba “bañar” con agua bendita a la población durante sus bendiciones.
Una multitudinaria procesión recorrió las calles de Villa Adela, hasta lo que es hoy su última morada. Pese al sol rasante, los miles de asistentes a la misa permanecieron firmes, mientras que en alrededores, decenas de banderas nacionales con crespones negros rendían homenaje al clérigo.
Una bandera alemana y otra boliviana cubrían el ataúd de madera con los restos del párroco; encima, un balde lleno de agua con una especie de trapeador, con el que daba sus bendiciones finales. Palabras dulces resaltaron cada una de las cualidades.
