En las montañas del departamento colombiano de Antioquia campesinos de todas las edades, de niños a ancianos, se preparan cada año para cargar a cuestas una tradición de más de medio siglo, la de desfilar con enormes arreglos florales para celebrar su cultura con una explosión de arte y color.
Son los silleteros, continuadores de los antiguos cargueros o faquines que se ganaban la vida llevando en sillas de manos por las escarpadas montañas del noroeste de Colombia a personas o productos, trabajo que acabó convertido en una tradición y evolucionó con formas artísticas.
Santa Elena, un corregimiento (caserío) perteneciente a Medellín, llamada la "Ciudad de la eterna primavera" por su agradable clima o "Capital de la montaña" por su orografía, es el hogar de los silleteros, campesinos que se dedican a cultivar flores todo el año y a finales de julio y comienzos de agosto bajan de sus fincas a desfilar con su arte a cuestas por la gran ciudad.
Esta tradición, declarada Patrimonio Inmaterial y Cultural de la Nación, hace parte de la Feria de las Flores, la principal de Medellín, que se prolonga por 10 días y atrae a visitantes.
"Ser silletero es lo más grande que nos han heredado nuestros ancestros, transmitir ese arte, esas escenas de flores y llevarlo a todo el mundo es un compromiso con la tradición", dijo a EFE Luis Fernando Sánchez, uno de estos artistas-cargueros.
Según su tamaño y diseño artístico, las silletas, construidas sobre una armazón de madera, se dividen en las categorías de "tradicional", "emblemática" o "monumental", pero también hay las "infantiles" o las "comerciales".
