Es cierto que el Cerro Rico de Potosí, fue el centro de atención de monarquías europeas, particularmente de la Corona de España, cuando el Emperador Carlos V de Alemania y al mismo tiempo Rey Carlos I de España, quedó asombrado al saber que en América del Sur, en tierras del antiguo Kollasuyo, en el lugar montañoso llamado “Potosí”, habíase encontrado el tesoro más grande en mineral plata, lo que motivó a la explotación de dicha riqueza argentífera por los primeros conquistadores españoles llegados a Potosí, con apoyo de centenares de indígenas yanaconas del Perú y el de otras regiones de la cadena andina.
Dicha explotación empezó con la toma de posesión del Cerro Rico por parte de los primeros afortunados ibéricos que lo hicieron en nombre de la Corona de España; hecho ocurrido el 1ro. de abril de 1545. Entonces el metal argentífero, atrajo a miles de forasteros del viejo mundo que, una vez asentados en las faldas del “Cerro Hermoso”, dieron lugar a que el asiento minero de Potosí se convirtiera en una ciudad cosmopolita con la construcción de casas por doquier, suntuosos templos y conventos religiosos en advocación de uno y otro santo y santa, hasta que el año de 1572, a la llegada del quinto Virrey del Perú Dn. Francisco de Toledo, la Villa Imperial de Carlos V, recibió nueva tónica en su urbanización y trabajo minero, con la construcción de 32 lagunas artificiales en la serranía del Kari-Kari; la edificación de algo más de un centenar de ingenios para molienda de minerales y una primera casa de amonedación; lo que dio lugar a que Potosí se constituyera en la primera ciudad industrial del continente americano.
Aquella primera Casa Real de Moneda, construida por el alarife potosino Jerónimo de Leto y ubicada en la plaza mayor de Potosí el año de 1575, se convirtió en la fabricante de cientos y miles de monedas de plata para solucionar el problema del circulante monetario en el Sur del continente americano, gracias a la extraordinaria cantidad de plata extraída del Cerro de Potosí y el crecimiento de la población que dio como resultado la expansión de la actividad económica en toda la antigua Audiencia de Charcas con otros poblados americanos y de ultramar.
La acuñación de monedas se inició de inmediato, en base a una tecnología rudimentaria, dando lugar a que se extienda en el mundo las frases inmortalizadas por el príncipe de las letras castellanas don Miguel de Cervantes Saavedra, diciendo “¡Vale un Potosí..!!”, como símbolo de riqueza de poder y de gloria. También los ingleses decían: “¡As rich as Potosí..!” que significa: “Tan rico como Potosí..!”.
Primeras monedas acuñadas en la ceca de Potosí
Fueron las “Macuquinas”, las primeras monedas de plata acuñadas en Potosí, aún de que éstas ya fueron trabajadas en el asiento minero de Porco, a solo 45 kms. de la Villa Imperial, sector Oeste. Macuquinas que fueron fabricadas entre 1575 a 1773 en forma continuada, con la característica de que estas monedas eran trabajadas a golpe de martillo, cortadas irregularmente con tijeras y selladas en cospeles de plata. Su nombre deriva de la voz quéchua “mackaykuna”, queriendo decir: “hay que golpearlas”.
Por ilustración general, es necesario saber que el año de 1650 se descubrió la falsificación de monedas en la Casa Real de Moneda de Potosí, viéndose involucradas en esta irregularidad, autoridades de la propia Casa de Amonedación, algunos ensayadores y el conocido mercader de la plata, don Francisco Gómez de la Rocha, cuando se hizo pública la falta de ley de las monedas macuquinas, pese a que tiempo atrás se determinó por Real Cédula el retiro, función y afinación de estas monedas de baja ley, habiendo sido reemplazadas por otras –también macuquinas- de cruz y columnas. En 1653 se dictó en Madrid una Real Cédula que aceptaba estas piezas, dada su buena ley y peso.
En sí, las macuquinas eran de dos tipos: la de escudo y cruz de Jerusalén que circularon durante el reinado de Felipe IV entre los años 1575 a 1652; luego llegaron a trabajarse monedas con la marca de la cruz latina y columnas de Hércules, por espacio de 20 años seguidos, entre 1653 a 1773. En los dos periodos se llegaron a sellar monedas de plata en los valores de 8, 4, 2, 1 y ½ reales.
Las monedas de ese tiempo se identificaban porque tenían en el anverso la inicial de la Ceca. Así por ejemplo, las monedas acuñadas en Potosí, tenían o se identificaban con la letra “P”. Las monedas trabajadas en Lima, llevaban la letra “L”; y las de México, la letra “M”. Todas estas monedas circulaban en las colonias españolas y en la misma Península Ibérica de España. Aclarando que por la inicial se sabía en qué Casa de Moneda habían sido acuñadas las mismas; considerando que España llegó a administrar varias casas de moneda en América, tales como la de México, Santo Domingo, Guatemala, Santa Fe de Bogotá, Cartagena de Indias, Santiago de Chile, Lima y Potosí; considerándose como una de las más importantes a la Casa de Moneda de la Villa Imperial de Potosí.
Segunda Casa Real de Moneda en Potosí
Al observarse la falta de espacio para el trabajo de acuñación de monedas en la primera casa de amonedación ubicada en la plaza mayor, se ofreció la buena intención de construir una segunda casa de moneda en esta ciudad que, al solo conocerse de este proyecto, se presentaron engorrosos problemas y caprichos infundados de ciertas autoridades y del mismo Gobernador y Superintendente de la Casa Real de Moneda de Potosí don Ventura Santelices y Venero, para que no se proceda a la construcción de una nueva Casa de Amonedación recomendada desde Madrid. El Gobernador Santelices y sus seguidores sólo pensaban en ampliar la estructura de la primera Casa Real de Moneda expropiando algunos inmuebles cercanos a la Ceca potosina, entre ellos, el perteneciente al Conde de Carma que se oponía a la mencionada ampliación, protestando ante quienes tenían el poder de decisión; hasta que finalmente se dio la orden desde Madrid, para que se edificara una nueva Casa de Amonedación en la Villa Imperial (segunda Casa Real de Moneda – actual Museo y repositorio cultural de América).
