Entre el 13 y 15 de noviembre pasados, se desarrolló el Primer Congreso sobre el Agricultura y Paisaje – Conexiones Geográficas para el Futuro Rural organizado por la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Autónoma Francisco Xavier de Chuquisaca, Sucre, ocasión que representó un momento de inflexión fundamental en la manera de abordar la compleja relación entre producción agrícola, ordenamiento territorial y sostenibilidad ambiental.
En cuanto a los contextos analizados, hay que indicar la diversidad temática del congreso la que evidencia la complejidad inherente al estudio del paisaje agrícola contemporáneo. Las actividades productivas en el paisaje rural son predominantemente la agricultura y la silvicultura, y estas no solo modelan el paisaje físico, con campos cultivados, huertos y bosques gestionados, sino que también son el motor de la economía local. Las ponencias presentadas abarcaron desde aplicaciones de teledetección y geotecnologías para el manejo de plagas y el análisis de temperaturas superficiales, hasta propuestas metodológicas para la territorialización agroecológica y la autonomía alimentaria.
Por otra parte, la presencia destacada de trabajos sobre ordenamiento y planificación territorial subraya la necesidad urgente de repensar las estrategias de intervención en los espacios rurales con miras a dar nuevas alternativas y ayuda en la toma de decisiones; puesto que el territorio, entendido en su máxima expresión como una entidad socio geográfica y ambiental, constituye el escenario donde concurren los impactos causados por la actividad humana a nivel social, cultural, ambiental, político y económico. Las investigaciones presentadas sobre geopolítica y desarrollo territorial, ordenamiento agrícola con enfoque SIG, y consideraciones geográficas en la planificación del espacio rural sostenible, demuestran un creciente reconocimiento de que las decisiones técnicas no pueden disociarse de sus implicaciones políticas y territoriales ya que su aplicación tiene un resultado concreto a mediano y largo plazo.
Asimismo, el énfasis en la agroecología y la soberanía alimentaria reveló una transformación paradigmática en la concepción misma de la nueva agricultura. Las propuestas sobre diseño de modelos de enseñanza contextualizada, autonomía alimentaria en zonas periurbanas y agroecología política, dialogan directamente con los planteamientos contemporáneos sobre sistemas alimentarios sostenibles. Los principales instrumentos de la agricultura y el desarrollo rural sostenibles incluyen la reforma de la reciente política agrícola plasmada en una reforma agraria en presupuestos y normativa actualizada, la participación de la población, la diversificación de los ingresos, la conservación de la tierra y una mejor gestión de los insumos y la tecnología.
De igual manera, la problemática de la deforestación y la dinámica de cobertura vegetal emerge como uno de los temas críticos del congreso. Los estudios sobre abandono agrícola y fragmentación en los bosques de Beni y Santa Cruz, así como la investigación sobre la dinámica de cobertura vegetal en el Parque Nacional Iñao, demuestran las profundas transformaciones ambientales que atraviesan los territorios bolivianos. Estos trabajos no solo documentan procesos de cambio ambiental, sino que plantean interrogantes fundamentales sobre los modelos de ocupación territorial y sus consecuencias ecológicas a largo plazo.
Además, la incorporación de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial y el aprendizaje automático en el análisis de sistemas agrícolas sugiere nuevas posibilidades para la gestión del territorio. Así pues, el desarrollo rural debe entenderse como un reto estratégico desde la óptica del desarrollo económico sostenible, orientado a modernizar o crear nuevos modelos innovadores de actividad económica rentable vinculados al sector primario (vulnerable). Las aplicaciones de redes neuronales en la clasificación de genotipos de batata-doce o el uso de análisis multiespectrales para fenotipaje de alto rendimiento, demuestran cómo las herramientas tecnológicas pueden contribuir a una agricultura más precisa y eficiente.
Finalmente, el congreso incorporó dimensiones transversales de crucial importancia: riesgos y desastres, desarrollo rural y participación comunitaria, y cooperación académica. Las ponencias sobre capital social y planificación participativa, así como las metodologías para el diagnóstico rural, subrayan que cualquier estrategia de desarrollo territorial debe fundamentarse en procesos genuinos de participación comunitaria y fortalecimiento de las capacidades locales.
En conclusión, este valioso y relevante Congreso representó una oportunidad excepcional para articular saberes diversos y construir colectivamente nuevas formas de pensar el futuro rural. La convergencia de múltiples disciplinas, metodologías y perspectivas configura un espacio de diálogo fértil donde la academia, las instituciones públicas y las comunidades rurales pueden tejer alianzas estratégicas ejemplificadoras. La planificación territorial integrada resulta esencial para identificar soluciones que garanticen la sostenibilidad de los recursos naturales y fortalezcan la resiliencia de las comunidades rurales frente a los nuevos y grandes desafíos actuales, que en si radican en transformar los conocimientos expuestos en estos encuentros académicos en planes y políticas públicas efectivas, proyectos territoriales concretos y transformaciones reales en la calidad de vida de las poblaciones rurales. Solo mediante este compromiso sostenido en conjunto se podrá construir un futuro rural verdaderamente justo, resiliente, adaptado y adecuadamente planificado.
