Es necesario y pertinente exteriorizar nuestra preocupación por la desconfianza y la creciente pérdida de credibilidad en los medios de comunicación social y en los periodistas porque, como dice el refrán, por culpa de unos pecamos todos y es lo que actualmente está ocurriendo.
El problema de fondo es que se confunde el concepto de información y el concepto de opinión porque una cosa es reflejar un hecho noticioso sujeto a la verdad y es muy distinto aprovechar una noticia para emitir juicios de valor porque la información se está convirtiendo peligrosamente en un mero espectáculo o en un show televisado, dejando de lado la función primordial del verdadero periodismo que es la búsqueda de la verdad sin manipulaciones ni medias verdades.
El sensacionalismo, la distorsión de la verdad, la morbosidad y la difusión de información sin reflejar como corresponde el contexto real y verídico de una noticia, se han convertido en factores negativos y adversos a la primigenia función del verdadero periodismo. Desde que se puso en boga el rating de audiencia, se ha dado luz verde a la morbosidad, al sensacionalismo, a las persecuciones con cámaras y también al presentar noticias sobre simples rumores y estos hechos desvirtúan y desprestigian a nuestra digna profesión del periodismo.
En las aulas universitarias enseñamos a nuestros estudiantes la ética profesional, el periodismo de investigación y también el periodismo “propositivo”, pero lamentablemente los Códigos de ética caen en saco roto cuando la actitud de los periodistas no responde a la manifestación o demostración de una ética natural y personal.
No tiene que ser el “miedo” el que nos abra las puertas de la información y tampoco asumir un rol que no nos corresponde al actuar muchas veces como jueces o verdugos y tampoco estigmatizar a unos u otros.
En esta coyuntura electoral, algunos medios de comunicación y determinados periodistas se parcializan abiertamente con la candidatura de Jorge Tuto Quiroga. Están en todo su derecho pero no debiera ser como medio de comunicación o como periodista y es precisamente lo que preocupa porque la función primordial del periodismo es difundir noticias o comentarios con objetividad, con “equilibrio” informativo y ética para opinar o informar.
El mal ejercicio del periodismo, se está convirtiendo en caldo de cultivo para el discurso o la narrativa de los políticos y por otra parte los internautas en las Redes Sociales aprovechan, abusan y “manipulan” la información ya sea para favorecer o para dañar a una u otra opción electoral en esta coyuntura que es tan decisiva e histórica para el futuro de Bolivia así como de las nuevas generaciones de bolivianas y bolivianos.
