“Viva Bolivia carajo; aunque no haya trabajo”
Alfredo Domínguez
La Historia la construyen los anónimos. Los caudillos y dirigentes sólo se benefician sobre la sangre y los sacrificios de los anónimos. El Bicentenario debería homenajear a los cientos de miles, quizás millones, de bolivianos y bolivianas que entregaron su propia sangre, que sacrificaron a sus propias familias, en definitiva, sacrificaron su presente y futuro soñando, algún día, haya justicia para los oprimidos, para los de abajo y para los que no tienen palabra. Aquellos que murieron en tantas masacres, tantos asesinatos en medio de torturas y crueles actos de cobardía.
Que el Bicentenario recuerde a todos los líderes y lideresas de la independencia, que ni siquiera estuvieron en la firma de la independencia, sino los Olañetas antes monárquicos y después oportunistamente convertidos en liberadores de la Patria. Que el Bicentenario recuerde al Tambor Vargas, a Juana Azurduy de Padilla que vivieron y murieron en la pobreza absoluta siendo los verdaderos patriotas.
Que el Bicentenario recuerde a las comunidades rurales, de donde salieron los soldados para las batallas por la independencia y murieron por ella. De donde salieron miles y miles de mitayos, para mantener al Estado que no tenía idea de dónde sacar dinero para la burocracia. La mayoría murieron en las minas, sin que jamás se les rindiera al menos algún homenaje.
Que el Bicentenario recuerde a los muertos de la guerra del Pacífico, que más allá de las cúpulas siempre perdedoras y traidoras, entregaron su vida por mantener a nuestra Patria con el mar que nació siendo parte del país.
Que el Bicentenario recuerde a las comunidades rurales que resistieron a los compinches de Melgarejo, que destruyeron comunidades y se adueñaron de tierras para sus haciendas, en nombre del desarrollo y progreso. Burócratas del Estado que utilizaron al ejército y la policía para sus fines criminales, bañando en sangre las comunidades rurales para después gozar de sus tierras y su riqueza.
Que el Bicentenario recuerde a Zárate Willka, y sus sueños de recomponer las tierras de los ancestros ocupados y convertidos en haciendas privadas. Después asesinado por quiénes jamás consideraron esta Patria para todos, sino para unos cuantos descendientes de piratas llegados allende los mares.
Que el Bicentenario recuerde a los valientes educadores rurales, de principios del siglo XX, que en contra de las mentalidades de la burocracia estatal, enseñaron en la clandestinidad arriesgando sus vidas a leer y escribir como acto de rebeldía y justicia, a tantos después pensadores y escritores de las naciones ancestrales.
Que el Bicentenario recuerde a tantos masacrados de las nacientes organizaciones mineras, de principios del siglo XX, como masacrados en comunidades rurales por supuestos liberales e intelectuales del sistema. Sangre en nombre del desarrollo y progreso.
Que el Bicentenario recuerde a los miles de muertos y heridos de la guerra del Chaco. Sacrificados por las visiones torpes y poco patrióticas de las cúpulas gobernantes, que desde siempre sueñan en aparecer en los libros de historia como los salvadores de la Patria, homenajeados por sus escritores sin que la vergüenza les haga mejores bolivianos.
Que el Bicentenario recuerde a los miles de muertos y heridos de la Revolución del 52. Cuyo sacrificio permitió cambiar el rumbo de la historia de perdición económica y muerte, para intentar otro proyecto de historia con más justicia y bienestar. Para la construcción de un Estado realmente inclusivo y que responda a las necesidades de la Bolivia profunda.
Que el Bicentenario recuerde a los muertos, heridos, exiliados, torturados, mujeres mancilladas, familias destruidas, casas asaltadas y robadas por paramilitares, casas injustamente expropiadas por paramilitares y militares, de tantas víctimas de las dictaduras militares. Quiénes jamás recibieron justicia del Estado.
Que el Bicentenario recuerde el sacrificio de mineros, de fabriles, de clases medias pobres que hicieron posible la democracia en 1982. Aunque los oportunistas de siempre destruyeron después esos sacrificios.
Que el Bicentenario recuerde el sacrificio anónimo de educadores, de experiencias educativas al margen de los poderes, de los apoyos económicos; pero que hacen Patria enseñando letras y números en beneficio del país y sus conocimientos.
Que el Bicentenario recuerde a los informales de la economía, que crean riqueza y puestos de trabajo sin absolutamente ningún apoyo del Estado o sus instituciones. Enormes esfuerzos nada compensados o al menos agradecidos en el mundo de la sobrevivencia, pues eso es hacer Patria con letras de molde.
Que el Bicentenario recuerde a los intelectuales de clases medias, de clases medias pobres, de clases bajas. Pensadores que ayudan a descifrar los secretos de nuestra Patria, en novelas, en poesía, en pintura y creatividad inmensa a pesar de las dificultades económicas y olvido total de las instituciones.
Que el Bicentenario recuerde a millones de bolivianos en el extranjero. La inmensa mayoría dejaron nuestra Patria por necesidad, pues sin trabajo y futuro la migración se convierte en un sustento económico pero que destila enormes sacrificios personales, familiares y espirituales pues abandonar la Patria en esas condiciones duele mucho.
Que el Bicentenario recuerde a todos esos anónimos, sin homenajes, sin discursos, sin fotos para la historia; pero haciendo Patria con letras de molde.
