Han pasado más de tres años desde que un jucumari murió y fue desmembrado en una comunidad cercana al Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) El Palmar, en Chuquisaca. Este miércoles 16 de septiembre, el caso tendrá una nueva audiencia dentro del proceso penal que busca establecer responsabilidades por la muerte del animal.
La información sobre el juicio fue proporcionada por Senda Verde, que llamó a seguir de cerca el proceso y pidió que la justicia actúe con independencia, respete el debido proceso y, si se determina la responsabilidad de los acusados, aplique la máxima sanción que corresponda conforme a la ley.
“Porque la muerte de un animal silvestre protegido no puede normalizarse ni quedar impune”, señaló la organización, que también destacó la importancia de cada precedente para la protección de la fauna silvestre.
El hecho se remonta al 29 de julio de 2023, cuando un oso andino adulto fue perseguido desde inmediaciones del área protegida hasta la comunidad de Rumi Cancha, en el municipio de Presto.
De acuerdo con los antecedentes difundidos entonces por la Fiscalía, el animal había matado a una vaquilla y subió a un árbol para alimentarse de ella. Los comunarios le arrojaron piedras hasta obligarlo a soltar la carne y continuaron con el ataque hasta que descendió. En ese momento, los perros lo atacaron y uno de los comunarios le colocó una soga alrededor del cuello y lo sujetó hasta provocarle la muerte por asfixia. Posteriormente, los ahora acusados faenaron el ejemplar y distribuyeron su carne.
El Ministerio Público abrió un proceso penal por el delito de biocidio contra tres personas, mientras la Gobernación de Chuquisaca anunció su participación como parte querellante. Los guardaparques conocieron el hecho a partir de imágenes que circularon en redes sociales y comunicaron el caso a la Policía.
Más allá del proceso penal, el hecho volvió a poner la atención sobre una especie cuya conservación enfrenta dificultades en los mismos territorios donde todavía encuentra refugio.
El jucumari es el carnívoro más grande de los Andes tropicales y, aunque su dieta está compuesta principalmente por bromelias, frutos, bambú y otros recursos vegetales, es una especie omnívora que puede consumir insectos, aves, peces y pequeños mamíferos y, de manera ocasional, ganado o carroña cuando existe disponibilidad.
El Libro Rojo de los Vertebrados de Bolivia 2026 mantiene al oso andino (tremarctos ornatus) en la categoría vulnerable, la misma que registra desde la primera edición de 1996. Una estimación nacional desarrollada en 2010 calculó una población aproximada de 3.166 individuos adultos, pero la publicación advierte que todavía existe un conocimiento limitado sobre el tamaño y la estructura de las poblaciones en el país.
El documento identifica entre las principales amenazas la pérdida y degradación del hábitat, la cacería por represalia, el cambio climático y el tráfico ilegal. En particular, señala que la expansión de la ganadería extensiva transforma y fragmenta los ecosistemas naturales y puede reducir la disponibilidad de alimento para la especie.
La cacería por represalia aparece como una de las amenazas más críticas. El Libro Rojo explica que esta práctica surge como respuesta a ataques de fauna silvestre contra ganado, personas o cultivos y que, en el caso de esta especie, algunos episodios de depredación pueden generar pérdidas económicas para las familias rurales y desencadenar la muerte del animal como medida de compensación o prevención.
Por ello, entre las necesidades de conservación identificadas está la implementación de métodos de manejo de conflictos entre personas y osos, con enfoques que consideren tanto las necesidades de las comunidades como la protección de la fauna. El documento también plantea ampliar el monitoreo de poblaciones, estudiar sus movimientos y hábitats y fortalecer la conectividad entre los territorios donde todavía habita.
Meses antes de la muerte registrada en Rumi Cancha, en mayo de 2023, guardaparques y comunarios habían fotografiado a otro ejemplar adulto en inmediaciones de Trancas Horno K’asa, también en el municipio de Presto. Fue observado mientras se alimentaba y después fue ahuyentado hacia su hábitat. La fotografía utilizada posteriormente por medios de comunicación como imagen de archivo corresponde a ese avistamiento; no existe información que permita afirmar que se trataba del mismo animal que murió en julio.
La presencia de la especie también fue registrada este año en otro punto de Chuquisaca. En julio, cámaras trampa de Fundación Natura Bolivia captaron a un oso andino en las nacientes del río Parapetí. El ejemplar llegó hasta una fuente de agua, permaneció allí durante algunos minutos y después retornó al bosque. El registro fue presentado por la organización como una señal de esperanza para ese ecosistema.
Así, mientras el proceso por la muerte de un ejemplar en El Palmar llega a una nueva audiencia, el Libro Rojo plantea un desafío que va más allá de un solo caso: conocer mejor las poblaciones, proteger los espacios que todavía ocupan y encontrar formas de reducir los conflictos entre la fauna silvestre y las actividades de las comunidades. En ese contexto, el proceso judicial también representa un precedente sobre la forma en que se responde ante la muerte de un animal protegido.
“El jucumari no puede defenderse. Nosotros sí podemos alzar la voz”, sostuvo Senda Verde en su llamado a acompañar el proceso y mantener la atención sobre la audiencia.
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