“Me voy a morir” es lo primero que pensó Martha Mendoza, de 39 años y mamá de cinco hijos, con edades de 22, 20,16, 9 y una bebé de 1 año y medio de edad, cuando los médicos le diagnosticaron cáncer cervicouterino. Con el corazón hecho pedazos por el futuro de su familia, su mundo comenzó a derrumbarse. Las lágrimas le caían si parar, sólo pensaba en el porvenir de sus retoños y cómo conseguir dinero para iniciar su tratamiento de quimioterapia.
Su esposo y el padre de sus hijos la apoyó en todo momento y juntos batallaron contra viento y marea para costear las sesiones de quimioterapia que erradicaría el tumor. Las cosas parecían mejorar para la familia de Martha, pero en una de sus visitas al hospital, le dijeron que el tratamiento no estaba funcionando del todo. Sus ánimos la abatieron y sus defensas bajaron, eso empeoró su salud.
La mujer lamenta que las autoridades de salud no hayan priorizado garantizar la atención de los enfermos oncológicos. Además, señala que para hacer consultas en el hospital de Clínicas le pidieron una prueba de Covid-19, pero por falta de dinero no pudo realizarse ese diagnóstico para que los galenos de ese nosocomio atiendan sus dolencias.
En este último mes, la situación de su familia es crítica, dejó de trabajar y sus hijos no consiguen trabajo. La niña de un año y medio necesita pañales y leche, además de ropa.
..........
Señor Lector, este es solo un reporte. La información completa está en la edición impresa de El Potosí.
