Es fácil ponerse paranoico tras colocar un pie en Trinidad (Beni). Al bajar de un vuelo humanitario, las primeras cuatro personas con las que uno habla, ‘creen’ que pasaron por coronavirus. No les queda otra que suponer, tuvieron buena parte de los síntomas, junto con los de su casa, pero nunca accedieron a la prueba.
Rosario estaba en el aeropuerto Jorge Henrich Araúz esperando una encomienda que llegó de Santa Cruz, en uno de los vuelos humanitarios con toneladas de alimentos, bomberos y médicos para luchar contra el coronavirus. Un familiar le había enviado dinero y un aparato para medir la presión, todo de utilidad ante la presencia de un enfermo por Covid-19 en el hogar. Ella recién se recuperó -o eso cree, no tuvo posibilidad de hacerse el test ni para positivo ni para negativo-; hace unos días perdió los sentidos del olfato y del gusto, entre otras cosas.
Su foto de WhatsApp delata el dolor. Su madre fue una de las bajas ocasionadas por el virus que tiene azotado al departamento beniano, especialmente a la capital y al municipio de San Ramón, distante a dos horas. En casa se enfermaron todos.
Lo mismo le ocurrió a Nahir, una mujer amable y relajada que cuenta su odisea como si hablara del clima, mientras ofrece los artículos de su tienda cercana al aeropuerto. También ‘cree’ que el virus visitó su hogar, donde todos cayeron con ‘gripe’, cansancio y pérdida del olfato y el gusto. No está tan segura porque faltó la fiebre. Para su buena fortuna, todos salieron ilesos -menos el bolsillo-, y las dolencias familiares no alcanzaron a los niños.
Se hizo tratamiento con antiinflamatorios y remedios caseros, cuenta, mientras invita a comprarle chocolate de Baures y de copoazú, chivé, crema de peta, aceites de almendras, de caimán y de raya. Faltó poco para que oferte tres cosas al precio de una, como consecuencia de vender una vez a la semana.
Concepción vive únicamente con su pareja. Probablemente por eso sigue invicta. El resto de su familia se contagió con Covid-19, o eso especula. Ya para qué repetir la trillada historia de que no les llegó la prueba; de memoria ella sabe cuáles son los síntomas.
Se le nota el miedo, no quiere asomar la nariz a la puerta, ni siquiera para saludar de lejos a los amigos que llegan de Santa Cruz y a los que no ve desde hace muchos años. Prefiere el encierro.
A diferencia de ella, motos van y vienen por Trinidad, aunque no con normalidad. Y de paso algún taxi, como el de José, que acompañado de su esposa acepta hacer una carrera a hospitales, domos y cementerio para fallecidos por COVID-19. Una vez dentro del vehículo, es imposible no abrir al máximo los ojos cuando dice que ‘cree’ que ya se recuperó del coronavirus porque nada le duele (ni a su esposa). Dan ganas de lanzarse, pero hay que ser amable. Obviamente, esta historia tampoco tiene certezas respaldadas por un laboratorio.
José ríe al recordar la fama beniana de que el chivé mataba el virus porque hasta mediados de abril no se reportaban casos. Fue en esa misma época cuando su madre se puso delicada y mostró síntomas de COVID-19, paralelamente a los dos primeros casos. Ella nunca estuvo en lista oficial. Tras su progenitora se contagiaron todos los adultos de la casa, ocho, excepto los tres niños. El más grave fue el padre de José, que sigue internado en el centro Centinelas y a quien llegará el resultado de la única prueba familiar realizada. Consiguió un espacio para su papá a través de amigos. “Imagine cómo será con las personas que no tienen a nadie”, reflexionó.
En casa defienden al doctor Alejandro Unzueta a capa y espada; con la receta viralizada en redes se curó la cuñada de José. “Vomitó, pero en cuatro horas estaba perfecta. La gente es mala, eso de que hay intoxicados es porque usan mal los remedios y no entienden las indicaciones”, asegura José, que se automedicó con las muestras de su trabajo, ya que también es visitador de un laboratorio.
Después de Santa Cruz, Beni es el segundo departamento más afectado por COVID-19. La cifra de personas contagiadas superó los 1.800 casos al cierre de mayo, y el número de fallecidos se acercó al centenar. Solo en la capital beniana hubo más de 1.600 confirmados para coronavirus y 87 decesos registrados. Es una de las ciudades más golpeadas por la pandemia.
Existen los incrédulos de las cifras oficiales con el argumento de que en todo el país se repite la situación: Solo una parte accede a la prueba para coronavirus. Son ellos los que entran en la lista de confirmados por el Sedes. “Me atrevería a decir que Trinidad tiene infectado el 50 % de su población”, asevera el asambleísta de la provincia Iténez, Paúl Bruckner.
“Lo de Beni es terrible, en la capital todo mundo está enfermo y las pruebas llegan o se hacen cuando la gente ya está muerta, todo es muy precario acá”, agrega. Según Bruckner, la mayoría de la gente defiende la labor del doctor Unzueta y los consejos del doctor Herland Vaca Díez, “son las personas que ni siquiera tenían quién las atienda”, asevera.
Bruckner tampoco sabe si fue positivo, hoy se siente bien, pero dice que tuvo pérdida del olfato y el gusto, fiebre y dolor de garganta.
Al cuestionamiento de las cifras oficiales se une el médico de la Maternidad de Trinidad, Miguel Céspedes, que está saliendo del cuadro de Covid-19, solo le falta su segunda prueba. “El personal del Sedes es muy limitado, no puede hacer seguimiento, hay más de 1.600 positivos en Trinidad. La cifra dramática se mira sin necesidad de las pruebas, es la cantidad de personas que requieren la atención hospitalaria y no la tienen porque no hay espacio, debido a la saturación. Aunque por supuesto en ninguna parte del país se hacen las pruebas necesarias”, sostiene.
Céspedes considera que hay más del triple de los casos confirmados o sintomáticos.
Para Céspedes, lo que hoy se ve como trágico es lo que se dijo que debió evitarse. “Como médico, yo necesitaba que esta cantidad de personas infectadas sea en un tiempo más largo para que el sistema, que siempre ha sido pésimo, mucho más en este pueblo trinitario, tenga la capacidad de absorción, cosa que no sucedió. Lo único que hizo la pandemia fue visibilizar el problema histórico”, lamentó.
El galeno dice que cuando hubo los primeros casos en Beni, él asistió como a 50 reuniones con autoridades que no se traducían en acciones. Dice que el 18 de marzo, por primera vez les pidieron, como Maternidad, que hagan requerimientos para sala Covid-19 pediátrica; luego, el 27 de marzo, repitieron el pedido al ministro Rodrigo Guzmán. “Después, el 12 de abril, también el 27 de abril y por quinta vez me pidieron hace una semana. Nosotros habíamos solicitado ventiladores y otras cosas, pero hay una pugna política con miras a las elecciones, perjudicando a las personas enfermas que no lograron ser atendidas. Lastimosamente la pandemia tocó en época electoral, la presidenta debió bajarse de la contienda electoral y dedicarse con mayor empeño y menos tanteo político”, criticó.
PROVINCIAS E INDÍGENAS
San Ramón, a 220 km de Trinidad y con poco más de 5.000 habitantes, es el segundo municipio más afectado y se encapsuló a la par de Trinidad. Jorge Cuéllar, director provincial de la Asociación de Ganaderos y miembro del Comité de Emergencia Municipal (COEM), que ha instalado tres puntos de ingreso al pueblo para controlar que no pase nadie.
Se atreve a decir que más del 40% de la gente está contagiada. “No podemos dar cifras oficiales exactas porque casi no se han hecho las pruebas de laboratorio. Las autoridades recién se están moviendo, tuvimos que pedir auxilio por redes sociales a gente amiga que hace llegar donaciones. Nuestro pedido es muy fuerte porque nos tenían abandonados y nosotros también somos parte de Beni y de Bolivia”, reclamó.
Cuéllar informó que el COEM está compuesto por voluntarios en su mayoría porque el alcalde está enfermo, el corregidor también y ya presenta problemas respiratorios. “Una concejala es la única que da la cara, los otros están encerrados por el miedo, prácticamente somos cuatro personas las que articulamos todo y también tenemos familia y acá no hay un solo respirador”, cuestionó.
Se entristece cuando recuerda que la vida de antes, de la gente sentada y conversando por las tardes bajo las galerías, se esfumó por la paranoia.
Roberto Tibusa Matareco es alcalde de San Ignacio de Moxos, donde más allá de lo que diga el censo de 2012, van por los 14.000 habitantes en la zona urbana, según él. “Como en todos los municipios de Beni, nos faltan muchas cosas para estar en óptimas condiciones, no contamos con la bendición de un respirador”, ironiza.
Hasta finales de mayo, solo tenían cinco casos confirmados y más de 20 sospechosos, a los que se hace tratamiento al síntoma leve porque esperar que llegue el resultado es otra historia. No tenemos fallecidos y ojalá no los haya”, ruega.
Su mayor temor es que si en Trinidad, que es la capital, no pueden controlar la situación, menos en municipios pequeños. “Hacemos lo que podemos y con recursos municipales”, aseveró.
Mientras tanto, mantendrán la cuarentena rígida hasta el 14 de junio y harán rastrillajes para detectar casos.
Luz Virginia Gutiérrez es presidenta del Colegio Médico de Guayaramerín, que ya superó los 44.000 habitantes. Uno de los últimos datos es que había 115 confirmados y cuatro fallecidos. “Hay mucha gente enferma que está en casa y los hospitales andan llenos, hay fallecidos de los que se desconoce la causa. Faltan muchas condiciones, insumos médicos, sobre todo para terapia intensiva, oxígeno, equipos de bioseguridad, especialistas y médicos generales”, pidió.
Gutiérrez dice que las brigadas no abastecen para llegar a todos los hogares, ya que hay barrios enteros con sospechosos de Covid-19, pero también existe confusión con gripe y resfrío, además de casos de diabetes, enfermos renales, hipertensos e incluso intoxicados por automedicación.
Paúl Brucker hace rato que permanece en Trinidad. Al asambleísta de la provincia Iténez no lo dejan entrar a su pueblo, Magdalena. Dice que desde el principio elaboraron y siguieron un estricto protocolo que no se rompe ni cuando se trata de autoridades. Según él, por eso no presentan casos de COVID-19. “Hay mucha disciplina en los tres municipios (Huacaraje, Magdalena y Baures). Hemos pedido pruebas rápidas porque no tenemos nada, si nos viene una avalancha de contagiados, no sabremos cómo enfrentar, vamos a estar peor que San Ramón. Hay mucha conciencia y se hace rastrillaje”, asegura.
Por la generosidad de un ganadero, obtuvieron un respirador y esperan a los más de 20 médicos comprometidos por el Sedes para la provincia. “Prometen todo y nunca dan una fecha exacta, por eso la gente evita ir a hospitales, es como ir al castillo de Drácula”, ironiza.
En el Tipnis, los 5.800 habitantes, sin contar los 8.000 colonos del Polígono 7, están sanos, al menos oficialmente. Han montado un punto de control y desinfección en Gundonovia para que todo el que ingrese a la zona lo haga libre de virus. Tienen la esperanza de que con la fumigada sea suficiente, porque si se diera un caso, estarían perdidos.
Ovidio Teco es parte del equipo que hace ese control desde hace un mes, cuando se emitió un voto resolutivo. “Acá hay centros médicos, una doctora y una enfermera, pero no contamos con remedios para coronavirus.
Por el momento, más de 70 indígenas de cinco comunidades del Tipnis permanecen varados en Trinidad, esperando análisis médicos para retornar a casa, explicó el dirigente Pedro Moye.
LLEGAR DE TRINIDAD
Retornar de la capital beniana es volver a la paranoia. Una sola funcionaria del Sedes para tres vuelos apenas abastecía para entregar los papeles de reporte de datos a los recién llegados. Varios escaparon al llenado del formulario, incluyendo el reportero de un canal de TV. No había quién reciba los papeles. “Ustedes deberían encerrarse por 15 días y observarse, no es cualquier cosa venir de allá. Son viajes excepcionales y por eso no hacen cuarentena”, aseveró.
En la parada de taxis, un chofer que ofrecía sus servicios, claramente dijo que ni se le cruzaba por la mente transportar a gente que hubiera llegado de Trinidad, incluso se alejaba con disimulo.
Durante 15 días más el temor se volvió compañero. La disciplina de autoaislarse solo se trató de una decisión personal, sin control alguno.
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