Miles de animales silvestres rescatados del tráfico ilegal viven en más de una veintena de centros de custodia y albergues en el país. Estos lugares consiguen gran parte de sus ingresos por medio de visitas y donaciones, sin embargo, en cumplimiento a las restricciones del estado de emergencia sanitaria, ya no pueden recibir personas, lo que ha mermado aún más sus recursos, e incluso tienen complicaciones para trasladar al personal veterinario y los alimentos.
“La situación es preocupante en los 26 centros de custodia de fauna silvestre que hay en Bolivia. Todos tenemos los mismos problemas”, cuenta Vicky Ossio, responsable del refugio La Senda Verde, lugar donde vive Ajayu, el oso jukumari que fue brutalmente golpeado en la localidad cochabambina de K'omercocha, Tiraque, en 2016.
Cada especie tiene un tipo de alimentación específica y necesita que sus cuidadores les proporcionen los alimentos y algunos deben recibir atención veterinaria. En La Senda Verde, el presupuesto de alimentación por cada ejemplar es de 6,80 Bolivianos al día.
