Miles de animales silvestres rescatados del tráfico ilegal viven en más de una veintena de centros de custodia y albergues en el país. Estos lugares consiguen gran parte de sus ingresos por medio de visitas y donaciones, sin embargo, en cumplimiento a las restricciones del estado de emergencia sanitaria, ya no pueden recibir personas, lo que ha mermado aún más sus recursos, e incluso tienen complicaciones para trasladar al personal veterinario y los alimentos.
“La situación es preocupante en los 26 centros de custodia de fauna silvestre que hay en Bolivia. Todos tenemos los mismos problemas”, cuenta Vicky Ossio, responsable del refugio La Senda Verde, lugar donde vive Ajayu, el oso jukumari que fue brutalmente golpeado en la localidad cochabambina de K'omercocha, Tiraque, en el año 2016.
Ajayu, que quedó ciego y con la mandíbula destrozada tras los golpes de los comunarios, es uno de los más de 800 animales, de 65 especies, que habitan en La Senda Verde.
Cada especie tiene un tipo de alimentación específica y necesitan que sus cuidadores les proporcionen los alimentos y algunos deben recibir atención veterinaria. En La Senda Verde, el presupuesto de alimentación por cada ejemplar es de 6,80 bolivianos al día.
“Los refugios de animales debemos ser considerados como casos especiales, cómo los asilos de ancianos y orfanatos de niños” acota Ossio.
En el caso específico de La Senda Verde, ubicado en los Yungas de La Paz, se requiere la donación de dinero para poder pagar a los proveedores de alimentos y es complicado recaudar víveres por las restricciones de traslado, en el estado de emergencia.
“Ahora mismo estamos todos los centros tratando de conseguir permisos de circulación para la provisión de alimentos y también para que los cuidadores de animales, veterinarios, y otros, puedan llegar a los centros”, relata.
Las personas, que deseen ayudar, pueden realizar depósitos en el Banco Nacional de Bolivia (BNB), caja de ahorros en bolivianos a nombre de La Senda Verde, con el número de cuenta 150-1737557 NIT 211112029.
En Cochabamba, el Parque de Aves Agroflori, ubicado camino a Quillacollo, donde también viven mamíferos y réptiles, tiene una situación similar.
El conflicto poselectoral en octubre y noviembre del año pasado, las inundaciones a inicio de año, y ahora la medidas restrictivas para evitar la propagación del coronavirus, dejó a Agroflori con números rojos, por lo que apelan a la solidaridad de los cochabambinos.
En este Parque viven alrededor de 900 animales y cada semana se gasta alrededor de 600 dólares en alimentos, cuenta el responsable de Agroflori Marcelo Antezana.
Entre los alimentos que se pueden donar: maíz, quínua, tiki, semillas de girasol, alpiste, mijo y, también reciben latas de atún para los flamencos rescatados. Para conocer la historia de los flamencos y otros animales ingresa a: https://www.lostiempos.com/especial-multimedia/20171113/agroflori-oportunidad-preservar-vida-silvestre-generar-conciencia
Antezana señala que se debe suministrar alimentos que sean lo más parecido a su hábitat, “cada animalito come distinto”, explica.
Las personas que deseen donar alimentos pueden coordinar con los siguientes números:
El director de Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente y Agua, Enzo Aliaga, manifestó que conoce la situación de los diferentes centros del país, pero la parte las limitaciones económicas del Ministerio no permiten apoyar con dinero a los lugares privados. Sin embargo, comentó que se proporciona ayuda para el trámite de circulación vehícular.
Aliaga contó que se estaba gestionando apoyo con otras instituciones y embajadas para los centros de custodia, pero llegaron las medidas por la pandemia y no se logró concretar las gestiones.
Desde hace años, Bolivia es parte de una cadena de tráfico ilegal mundial de vida silvestre, los animales que son rescatados, en diferentes operativos, son derivados a los centros de custodia. En muchos casos, el daño que sufrieron los animales no les permite regresar a su hábitat y para sobrevivir necesitan ser cuidados.
“Los centros no podemos parar. Los animales no conocen fines de semana ni pandemias. La situación es crítica y desesperante”, concluye Ossio con aflicción.
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