Las elecciones presidenciales de Perú llegaron este fin de semana a su punto máximo de tensión con la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez echando a rodar la campaña para la segunda vuelta con sendos mitines en Lima, mientras el ultraderechista Rafael López Aliaga, que está a 12.724 votos de Sánchez, insiste en denunciar sin pruebas un fraude en su contra y amenaza a las autoridades electorales si proclaman los resultados.
Con el 99,5% del escrutinio, Fujimori tiene garantizado su lugar en la segunda vuelta prevista para el 7 de junio, al obtener el 17,17% de los votos válidos, mientras que Sánchez tiene el 11,99% y López Aliaga el 11,91%, separados por apenas unos 12.724 votos a falta de revisar unas 200 actas de Lima, donde el ultraconservador es el candidato más votado. Así, mientras Fujimori y Sánchez encabezaban sendos mitines marcados por el día de la madre, López Aliaga realizaba otro también en Lima para elevar la presión sobre las autoridades electorales, al insistir en su reclamo de someter los comicios a una auditoría internacional y celebrar elecciones complementarias, con una jornada de votación supletoria para quienes no pudieron votar el 12 de abril.
El candidato y líder del partido Renovación Popular considera que fue deliberadamente perjudicado con los problemas logísticos que causaron grandes retrasos en la apertura de colegios el día de las elecciones en Lima, su bastión electoral, pese a que los análisis realizados por misiones de observación como la Asociación Transparencia concluyen que estas afectaciones no influyeron en el resultado final.
