Un mes después del devastador terremoto de septiembre que dejó más de 2.200 muertos, Afganistán vuelve a temblar. En el norte del país, con el invierno asomando, las familias intentan levantarse entre los escombros tras un nuevo seísmo de magnitud 6,3 que causó más de una veintena de muertos y más de 500 heridos, en una población exhausta que intenta sobrevivir entre la pobreza y el aislamiento.
En la ciudad de Aibak, capital de Samangan, Jalaluddin aún no puede dormir. “Mi esposa gritó que era un terremoto. Antes de entender qué pasaba, el techo se vino abajo”, contó a EFE este padre de cuatro hijos, que ahora reposa junto a su familia en una clínica improvisada. “Dos de mis hijos siguen hospitalizados, los médicos dicen que uno tiene una costilla rota y el otro tiene una hemorragia en la cabeza. El invierno está cerca y muchas casas se han derrumbado. No sé cómo voy a reconstruir la mía solo”, añadió.
