La propuesta del candidato Javier Milei de dolarizar Argentina ha vuelto a traer un debate a América Latina, donde países como Panamá, El Salvador y Ecuador llevan años con el dólar adoptado como moneda oficial, y otros, como Cuba y Venezuela, con un fuerte mercado sumergido.
Con la bandera de la dolarización, aunque no quiere implementarlo a corto plazo, eliminar el Banco Central y aplicar “motosierra” al gasto público, el candidato de La Libertad Avanza obtuvo el primer lugar en las primarias del pasado 13 de agosto.
LOS DOLARIZADOS
La dolarización de Latinoamérica comenzó en Panamá, donde el uso del dólar se remonta a hace más de un siglo, apenas un año después de que se independizara de Colombia, y como consecuencia de la construcción del canal de Panamá por parte de EEUU, pero la moneda ya llevaba casi otro medio siglo circulando, por la afluencia de viajeros debido a la llamada 'fiebre del oro'.
La apuesta tuvo sus ventajas. A juicio del Centro Nacional de Competitividad (CNC), posibilitó “una de las tasas de inflación más bajas de la región y una competitiva oferta de créditos”, además de la estimulación comercial y la receta para una economía estable sin un banco central ni un Estado que pueda intervenir para fijar el precio del dinero.
Eso tiene algunas ventajas (intereses competitivos, acceso al crédito y servicios bancarios del primer mundo) pero limita la posibilidad de estimular exportaciones a través de devaluaciones. No obstante, “los beneficios superan con creces los costos”, sostiene el CNC, una organización público-privada sin fines de lucro.
Dólares y balboas aprendieron a convivir de modo extraño: se sabe que la divisa nacional equivale a 1 dólar, pero solo se la conoce en monedas de una unidad y con una masa monetaria limitada.
A Panamá le siguió Ecuador, que se apropió del dólar como única moneda legal en 2000 y abandonó el fuertemente devaluado sucre, una decisión en su momento traumática e inesperada, tomada por el entonces presidente Jamil Mahuad (1998-2000) como salida a una crisis acuciante. El dólar permitió a la economía ecuatoriana alcanzar una estabilidad monetaria y financiera, al pasar de tener un promedio de inflación anual del 36,4% en el periodo 1980-1998 al 4,5% en el periodo 2001-2019, según el Banco Central de Ecuador (BCE).
“Cuando los políticos son incapaces de manejar adecuadamente la moneda, los ciudadanos comienzan a dolarizar al país de facto, sobre todo en aquellos de débil institucionalidad, donde los políticos monetizan el déficit, es decir, imprimen billetes agresivamente para financiar los desequilibrios fiscales. Eso, al final del día, es pasarle la cuenta a los ciudadanos vía el impuesto de inflación”, comenta el economista ecuatoriano Alberto Acosta-Burneo.
Pero a Ecuador, según el economista, le queda dar un paso más y eliminar el Banco Central, para evitar que pueda emitir dinero a través de la expansión de sus balances fiscales con colocación de bonos, un arreglo contable que puede generar una crisis de liquidez. Y también es legal el dólar en El Salvador, donde empezó a circular desde el 1 de enero de 2001 junto con el colón salvadoreño, cuyo cambio quedó fijado en 8,75 unidades por dólar hasta que acabó por desaparecer: el sistema bancario convirtió todas las cuentas a dólar y se retiró el colón salvadoreño.
Según el economista Ricardo Castaneda, la dolarización “sin duda fue más una medida política que económica, porque no había elementos técnicos que respaldaran la decisión”, pero para El Salvador y Honduras, el “mayor beneficio” de la dolarización “después de tanto tiempo” es que ha permitido que la inflación “no sea tan alta”, pero ha “sido un freno para el propio crecimiento económico del país porque hay menos herramientas para incidir en la economía”.
