"Sufro desnutrición extrema, por lo que no podía amamantarlo", lamenta la sudanesa Ansaf Omar. Esta mujer llora desde hace un mes la pérdida de su hijo de un año y medio, muerto de hambre a semejanza de decenas de menores más en el campo de desplazados de Kalma, en la región de Darfur.
"Lo llevé a todos lados, a los hospitales, a los dispensarios, pero acabó muriendo", cuenta a la AFP Omar, de 34 años, instalada desde el inicio de la guerra de Darfur en 2003 en este campo en la periferia de Nyala, capital de provincia de Darfur meridional.
En esta región fronteriza con Chad, las consecuencias del hambre son particularmente dramáticas, pero la desnutrición avanza en todo Sudán, uno de los países más pobres del mundo: 15 de sus 45 millones de habitantes la sufren.
