“Nunca había visto algo así”, dice la oceanógrafa Lalita Putchim tras una inmersión para observar los corales del litoral de la isla tailandesa de Samae San, al sureste de Bangkok.
Un misterioso mal, la enfermedad de banda amarilla, destruye los corales del golfo de Tailandia, un rompecabezas para los científicos como Lalita Putchim, que disponen de escasos recursos, y una amenaza para la economía local.
Enormes manchas oscuras cubren amplias secciones de un arrecife de coral, víctimas de una bacteria mortífera que hasta ahora no había llegado a este rincón muy apreciado por los buceadores.
