Textos: Juan José Toro
Fotos: AFP
Un bombero alejándose de la “zona cero” con el pesar de no haber recuperado más que cadáveres es la escena que mejor grafica el efecto que los ataques del 11 de septiembre de 2001 causaron en la enorme comunidad estadounidense.
Las fotografías de las torres gemelas en llamas, o despidiendo gigantescas columnas o volutas de humo, circularon por miles aquel día y hoy forman parte de la historia reciente. No obstante, ninguna refleja la derrota más que la del bombero.
Y es que fue derrota.
El World Trade Center era un símbolo de Estados Unidos. Sus dos torres elevándose al cielo, y cobijando a cientos de empresas que formaban parte de la economía capitalista, eran un símbolo y así lo entendió la organización Al-Qaeda, que planificó y ejecutó el ataque.
En lugar de fuego y humo, parecía que aquellos edificios se desangraban, al igual que el orgullo americano. Lo que sucedió después es historia conocida. El entonces presidente de EE.UU, George W. Bush, aprovechó muy bien aquella tragedia de marca mayor para desatar una furiosa ofensiva contra el terrorismo.
Después vendrían las teorías conspirativas no desmentidas hasta el presente. La versión de que aquello fue un autoatentado no ha sido suficientemente desmentida. Para colmo, la empresa que se adjudicó la reparación de los daños, por un altísimo costo, fue una de las pertenecientes a Dick Cheney, el vicepresidente de Bush.
Ataque terrorista o autoatentado, los sucesos del 11-S dieron paso a una verdadera guerra de baja intensidad en la que muchos abusos fueron cometidos, todos con el sello de Bush hijo. Incluso los mismos estadounidenses, que lloraban a los aproximadamente 3.000 muertos, reprocharon la conducta de su presidente.
Aquel 11 de septiembre, ese 11-S, el mundo vio que incluso el país más poderoso podía sufrir un ataque y ser humillado. Las bravuconadas posteriores no convencieron a la gente de lo contrario.
Los ataques también tuvieron efectos económicos, porque provocaron el cierre de las bolsas hasta por lo menos el 17 de septiembre de aquel año.
El 11 de septiembre de 2002, Estados Unidos sufrió un ataque devastador, no tanto a su emblemático World Trade Center como a su moral, mortalmente afectada desde entonces.
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