Brasil es reconocido mundialmente por su capacidad de inmunizar a sus más de 210 millones de habitantes. Pero está quedando atrás en la carrera por la vacunación contra el coronavirus, en medio de la caótica gestión de la pandemia bajo el gobierno de Jair Bolsonaro.
El mandatario ultraderechista lanzó el miércoles un plan para vacunar contra el covid-19 a más del 70% de los ciudadanos en este país que ya suma casi 185.000 muertos por la pandemia, superado solo por Estados Unidos.
Y admitió que la pandemia, a la que había calificado de “gripecita”, “aflige” a los brasileños. El jueves, desbloqueó 20.000 millones de reales (unos 4.000 millones de dólares) para comprar vacunas, en pleno repunte de la enfermedad que mató ese día a más de 1.000 brasileños por primera vez desde fines de septiembre.
Pero esos esfuerzos parecen encontrar su antídoto… en el propio Bolsonaro.
Ese mismo jueves, el excapitán del Ejército volvió a proclamar que no se inmunizaría y siguió sembrando dudas, recurriendo al repertorio del absurdo, sobre los efectos colaterales de las vacunas empezando por la de Pfizer/BioNTech, ya aplicada o autorizada en Reino Unido, Estados Unidos, México y la Unión Europea, entre otros países.
“En el contrato de Pfizer está bien claro: ‘no nos hacemos responsables por cualquier efecto colateral’. Si te vuelves un caimán, es tu problema”, afirmó.
La prédica parece encontrar eco. El porcentaje de brasileños dispuestos a vacunarse cayó del 89% en agosto al 73% en diciembre, según una encuesta de Datafolha.
Ante esa campaña antivacuna, la Corte Suprema decidió el jueves que los gobernadores pueden exigir su obligatoriedad.
Expertos consultados por la AFP señalan, además, que el plan de Bolsonaro llega tarde y no presenta una fecha de inicio ni una estrategia de compra y distribución de vacunas en este país de dimensión continental.
..........
Señor Lector, este es solo un reporte. La información completa está en la edición impresa de El Potosí.
