El olor a humedad penetra las paredes de casas agrietadas por la furia del agua, mientras carros permanecen incrustados en el barro tras una de las inundaciones que han asolado varios estados de Venezuela en el último trimestre.
Los desastres dejados por intensas precipitaciones suman otro dolor de cabeza a los venezolanos, que además de lidiar con la imparable inflación, cortes eléctricos, escasez de combustible y colapso de servicios públicos, han quedado sin nada.
“Yo perdí todo, quedé desnuda, perdí mi cama, todo, esta ropa que tengo es donada”, cuenta a la AFP Deici Rodríguez, una cocinera de 62 años que resiente los efectos de la peor lluvia registrada en su comunidad en los últimos 30 años.
Deici vive en Maracay, capital del estado Aragua (centro), bordeada por ríos que nacen en una cadena montañosa de paisajes idílicos.
Los estragos se replican en los occidentales estados Lara, Mérida, Táchira, Falcón y Zulia, con decenas de miles de afectados.
Aunque ha habido inundaciones antes, Deici sostiene que “esta lluvia hizo más daño” que las anteriores.
Al subrayar las afectaciones en Aragua, el gobernador chavista, Rodolfo Marco Torres, sostuvo, por ejemplo, que en uno de los casos llovió en siete horas “lo que históricamente llueve en quince días”.
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