El sonido de los obuses se escucha a los lejos, desde las montañas de Nagorno Karabaj, mientras que Gultekin Rajimova lava tres pequeñas camisas en un recipiente oxidado. Ella huye de los combates entre las fuerzas azerbaiyanas y armenias.
Sus tres hijos de corta edad no han pasado una sola buena noche de sueño desde que dejaron hace dos semanas sus casa bombardeada, situada del lado azerbaiyano de la frontera. Armenia y Azerbaiyán se enfrentan desde fines de septiembre por el control de este enclave.
"Se levantan y gritan. Tienen pesadillas porque los muertos vuelven en sus sueños", dice la mujer de 42 años mientras uno de sus hijos lanza bolitas a un gallo cerca de la escuela del pueblo donde eligieron vivir con otras personas.
"Psicológicamente, no están en muy buen estado", reconoce.
Las autoridades azerbaiyanas organizaron una red de albergues para los refugiados de las ciudades y los pueblos bombardeados por las fuerzas armenias en la frontera con Nagorno Karabaj. En el enclave separatista, los habitantes locales huyeron de los bombardeos azerbaiyanos refugiándose en Armenia.
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