Desde que se detectaron los primeros casos en diciembre de 2019 en la ciudad china de Wuhan, la comunidad científica se afana por escudriñar el nuevo coronavirus SARS-CoV2, porque solo así, conociendo su evolución, su genética y su actividad en las células humanas, se puede afinar en tratamientos y vacunas.
Pero ¿qué se sabe de este virus que ha infectado a más de medio millón de personas en el mundo? ¿Qué proteína usa para entrar en las células humanas? ¿Cuánto tiempo puede permanecer en aerosoles y en superficies de plástico o de cobre? ¿Puede una persona contagiarse dos veces? Y las embarazadas, ¿lo pueden transmitir a sus hijos?
Estas son solo algunas de las preguntas que investigadores de todo el mundo tratan de contestar porque "cuanto más se conozca del virus que causa la enfermedad COVID-19 más se afinará en los tratamientos y en las vacunas", recuerda a Efe el científico español Raúl Rabadán, de la Universidad de Columbia en Nueva York (EEUU).
Y esto está siendo posible, y a mayor velocidad que en el pasado, porque ahora existe tecnología puntera que ha permitido, por ejemplo, que la secuenciación del genoma de este nuevo coronavirus en distintos pacientes se conociera en pocos días y se compartiera en bases de datos genómicas abiertas a toda la comunidad científica.
ANTEPASADOS. Precisamente, el análisis de la composición genética del virus aislado de más de cien pacientes de todo el mundo y su comparación con virus en animales, fue lo que permitió al equipo de Rabadán dibujar un mapa de la evolución del coronavirus, el cual dio pistas sobre sus antepasados y sobre los cambios genéticos que le han permitido entrar en las células y mantener la infección en humanos.
La composición genética de un virus, dice Rabadán, tiene información muy precisa del origen, de los mecanismos de adaptación a un nuevo huésped, en este caso de la adaptación a humanos, y de cómo está evolucionando a medida que se transmite en la población.
El coronavirus de Wuhan es muy parecido a otros virus aislados en murciélagos y se asemeja en ciertas partes de su genoma al SARS, síndrome respiratorio agudo severo, de 2003: en concreto, se sabe que un ancestro del nuevo coronavirus tomó parte del genoma de un antepasado de SARS (de ahí que se llame ahora al virus SARS-CoV2).
Este proceso de coger parte del genoma de otro -recombinación- le permitió adquirir "nuevas habilidades" como la de entrar en células humanas. En concreto, se piensa que el nuevo coronavirus, en un momento que el equipo de Rabadán establece en 2009, tomó información de una proteína llamada "Spike" de ese antepasado del SARS; esta proteína es la llave que el virus necesita para entrar en la célula.
