Nicolás Maduro adelanta las fiestas dos meses para evitar el contagio de las protestas que golpean la región. Regala bonos y promete comida mientras amenaza al entorno del presidente encargado, Juan Guaidó.
"Que se prepare todo el pueblo de Venezuela, la clase obrera, los trabajadores, todos los gobernadores y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Somos felices, la Venezuela bella, la que sí puede. Por un lado el trabajo y el estudio, y por otro la rumba (fiesta)", clamó Nicolás Maduro para anunciar que desde ayer Venezuela adelanta oficialmente la Navidad.
El sorprendente anuncio en un país abatido social y económicamente forma parte del plan ideado por el chavismo para inmunizarse ante el efecto contagio de las protestas en la región, visto desde Caracas como un aliado indispensable para mantener el poder al precio que sea.
Además de las "Navidades Felices", como se denominan, herederas directas de la "Chavidad" inventada por Hugo Chávez al final de su mandato, la revolución bolivariana ha desplegado una batería de acciones para apaciguar los ánimos con sus herramientas más habituales: persecución política y amenazas contra diputados y contra el entorno del presidente encargado, Juan Guaidó, además de usar las negociaciones con grupúsculos opositores para profundizar las diferencias entre los sectores políticos contrarios al chavismo.
El viaje a Baku para entregar la presidencia de los Países No Alineados ("¡Llegué victorioso!", resumió Maduro al bajar del avión) y las revueltas continentales se han confabulado para provocar la euforia presidencial. "Nos emociona que los pueblos en las calles digan constituyente. Sabemos que es el camino de América Latina, la democracia participativa y la libertad de los pueblos", confesó emocionado el "hijo de Chávez", quien en 2017 impuso una Asamblea Constituyente revolucionaria para bloquear al Parlamento democrático.
