Los Ángeles, Nueva Orleans y otras ciudades estadounidenses demostraron ayer al resto del mundo desde la cumbre de alcaldes del grupo de acción climática C40 que el Acuerdo de París sigue vivo en Estados Unidos, a pesar de la oposición de la Administración de Donald Trump.
El presidente estadounidense abandonó ese pacto global en junio de 2017. Dos años antes, cuando todavía estaba al frente Barack Obama, ese país y otros 194 se comprometieron en la capital francesa a que el aumento de la temperatura no aumente a final de siglo más de dos grados para limitar el impacto de la crisis climática.
Los representantes de Estados Unidos dejaron claro que su política medioambiental no sigue los pasos de Washington.
