Ecuador afrontó ayer su segundo día de estado de excepción decretado por el Gobierno, con una bajada de intensidad en las manifestaciones, que estallaron por la eliminación de subsidios a los combustibles, en el marco de un acuerdo crediticio con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
"El día de hoy, la casi totalidad de Ecuador está haciendo sus actividades en paz", dijo el jefe de Estado, Lenín Moreno, antes de mostrar su satisfacción por "la respuesta inmensa, mayoritaria del pueblo ecuatoriano para apoyar una decisión valiente del Gobierno".
Se refería a la eliminación de los subsidios a los combustibles tras lo cual el valor del galón de diesel pasó de 1,03 dólares a 2,27, mientras que el de la gasolina conocida como "extra", la de mayor consumo en el país, se elevó de 1,85 a 2,30 dólares.
Amparados en el estado de excepción, los militares despejaron ayer las carreteras donde manifestantes protestaban por el alza del precio de los combustibles.
En el norte de la provincia de Pichincha, cuya capital es Quito, manifestantes agredieron vehículos en los que se transportaban los militares, rompiendo varias de sus ventanas.
Alfredo Tutillo, presidente de una comunidad de parroquia de Cangahua del cantón Cayambe, informó que militares lanzaron bombas lacrimógenas en el sitio donde estaban reunidos los indígenas, los que provocó heridas a 12 personas, dos de ellas de gravedad, que fueron trasladadas a hospitales en Quito.
La Policía, de su lado, dispersó con gas lacrimógeno a quienes bloquearon vías con neumáticos en llamas, así como con palos y piedras, en el norte de Quito.
