Apenas una veintena de personas guardaban fila ayer para recibir a los nuevos modelos de iPhone en una de las tres tiendas que Apple tiene en su "casa" de San Francisco (California, EE.UU.), meca de la tecnología y a pocos kilómetros de la sede de la compañía.
Aunque la empresa de la manzana mordida sigue contando con sus incondicionales en todo el mundo, la fatiga por un lado (este es el duodécimo año con presentación de nuevo iPhone) y el poco lustre que acompaña a los modelos de este año, por otro, contribuyeron a que no se repitieran las filas de antaño.
"La cámara es lo que más me llama la atención del iPhone 11. Tengo un iPhone SE y, aunque estoy contento con su rendimiento, creo que ya es hora de renovarlo", explicó Dave Russell, un joven que trabaja cerca de la tienda Apple y aprovechó los minutos del desayuno para acercarse.
