El Ejército de Sudán desmanteló ayer a sangre y fuego la acampada opositora que desde hace dos meses desafiaba el poder de los militares con un asalto que se saldó con al menos 30 muertos y un centenar de heridos en el penúltimo día de Ramadán.
Los militares irrumpieron a tiros en la acampada a primera hora de la mañana mientras centenares de personas descansaban en el penúltimo día de ayuno, poco después de haber hecho el "suhur", la última comida antes del alba, en la explanada situada frente al cuartel general del Ejército en Jartum.
La acampada, epicentro de la revolución que llevó al derrocamiento de Omar al Bashir el 11 de abril, fue destruida por completo por los militares, según denunció la oposición.
El escenario principal y las tiendas de lona donde los activistas y grupos políticos hacían mítines cada día en los últimos dos meses y donde los manifestantes comían, dormían o descansaban, fueron incendiados o destrozados.
La junta militar argumentó que la intervención fue una acción dirigida contra "delincuentes" que se habían infiltrado en la acampada y, en un primer momento, aseguraron que los manifestantes podrían volver a la explanada.
Pero en realidad, acordonaron la zona y montaron puestos de control fuertemente armados en todas las calles que conducen a la explanada, impidiendo el paso de cualquier persona, según constató EFE.
También bloquearon las principales avenidas de Jartum con barricadas y cerraron los puentes que comunican con las ciudades al otro lado del Nilo, aislando la capital sudanesa.
