Casi 48 horas después del suceso, las autoridades mexicanas siguen sin conocer las causas de la explosión de una toma clandestina de gasolina, que ha dejado hasta ayer 79 muertos y 66 heridos, muchos de ellos de gravedad.
"No vamos a generar hipótesis que después no podamos ratificar. En este sentido, vamos a ser muy cuidadosos", dijo ayer el fiscal general, Alejandro Gertz.
En la comparecencia pública del sábado 19 en la noche, Gertz explicó que una de las hipótesis que se barajan es que la deflagración iniciara por la ropa con "contenido sintético" que llevaban los lugareños en la zona, que puede generar "reacciones eléctricas".
No obstante ayer puntualizó que esta hipótesis no era "el resultado final" de la investigación, después de que varios medios de comunicación dieran por hecho que la acumulación de gases de alto octanaje, y una chispa por fricción de ropa, ocasionaron esta tragedia en Tlahuelilpan, en el central estado de Hidalgo.
El viernes 18 en la tarde, varios centenares de pobladores de este pueblo reventaron un ducto de hidrocarburo y empezaron a sustraer, de una forma muy rudimentaria, la gasolina.
Tras unas dos horas, y pese a la presencia del Ejército que poco pudo hacer para controlar la muchedumbre, se registró una fuerte explosión.
Gertz informó que en la zona cero un equipo de peritos estatales y federales siguen levantando "diligencias" y recopilando posibles elementos de prueba, sin que hasta el momento se sacara algo en claro.
"Todos los videos, todas las informaciones, se están acopiando en la carpeta", apuntó el fiscal, cuestionado sobre algunos indicios que apuntan a que había gente fumando en el área mientras el petróleo salía a grandes borbotones del ducto perforado. Con todo, Gertz remarcó que la prioridad del organismo es hallar a culpables sin "victimizar" a todos los ciudadanos afectados.
