La vicepresidenta de Ecuador, María Alejandra Vicuña, renunció ayer de forma irrevocable al cargo, la segunda dimisión de ese puesto en menos de dos años, tras la salida de Jorge Glas, preso por un caso relacionado con el escándalo de Odebrecht.
La salida de Vicuña se dio tras verse acosada por una denuncia de supuesta corrupción, relacionada con cobros para financiar a su partido, acusación de irregularidad que ha sido negada por ella, pero resonada por la prensa y por los sectores de la oposición ecuatorianos.
Vicuña, al anunciar públicamente su dimisión, dijo que no se prestará para que las presunciones en su contra sean utilizadas para generar un ambiente de inestabilidad en el Gobierno o rumores sobre, incluso, una eventual renuncia del propio presidente Lenín Moreno.
"El país no merece esta inestabilidad, por lo que presento la renuncia a mi cargo como vicepresidenta. No me voy a prestar a que se abone a rumores de muerte cruzada, de renuncia del presidente o de grave conmoción interna", dijo Vicuña en un mensaje grabado en vídeo.
Vicuña dijo que tomó esa decisión, que la había negado tajantemente horas antes, tras un proceso de "profunda reflexión" y para liberar el ambiente de tensión que se creó por el escándalo en su contra.
Vicuña fue acusada por un exasesor suyo, Ángel Sagbay, quien confesó haber depositado en su cuenta personal contribuciones económicas supuestamente irregulares dirigidas a su grupo político Alianza Bolivariana Alfarista (ABA).
Esa –indicó– es una de las "calumnias" que han surgido desde que asumió la Vicepresidencia en enero pasado, cuando sustituyó al entonces vicepresidente Glas, condenado a seis años de prisión por un caso de la zaga Odebrecht, que él lo niega. Vicuña consideró que los ataques de este tipo, que calificó de calumnias, los ha recibido por su condición de "mujer" y de ser militante de un grupo de "izquierda".
