La caravana de miles de hondureños que buscan llegar a Estados Unidos avanzó ayer por el suroriental estado mexicano de Chiapas en un brutal éxodo que se cobró al menos una vida y en el que los migrantes denunciaron violaciones a derechos humanos por parte del Gobierno mexicano.
Ni el calor abrasador, por encima de los 30 grados, ni la dura caminata de unos 40 kilómetros de el domingo 21 han aplacado los ánimos de los miles de migrantes centroamericanos, en su gran mayoría hondureños, que han puesto rumbo a la localidad de Huixtla, en Chiapas.
A ritmo ligero, familias enteras, muchos hombres pero también madres solteras con hijos, han convertido el asfalto en un río de personas, una muchedumbre agotada pero sin intenciones de desfallecer.
De acuerdo con el refugio para migrantes del municipio de Suchiate, fronterizo con Guatemala, se registraron 7.125 personas de la caravana que entraron a territorio nacional, entre ellas, 1.500 mujeres y 2.400 niñas y niños.
Los más afortunados eran subidos en camiones y furgonetas gratuitamente, un regalo para los hondureños que arrancaron el periplo el 13 de octubre convocados por el boca oreja o a través de las redes sociales.
No obstante, al menos un joven perdió la vida al caer de uno de estos vehículos, según constató Efe. Y según reportan medios locales, seis migrantes habrían muerto al volcar un tráiler en el que viajaban también en Chiapas, sin formar parte de la caravana, ejemplificando los peligros que enfrentan en la travesía.
Algunos pedían limosna. Sin apenas nada en los bolsillos y escaso equipaje, viajan con lo puesto y agradecen la ayuda del pueblo mexicano, que les reparte agua, comida, medicamentos y ropa en un ejemplo de enorme solidaridad.
